{"id":11406,"date":"2024-05-10T10:06:33","date_gmt":"2024-05-10T15:06:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.conexioncesar.com\/?p=11406"},"modified":"2024-05-10T10:32:51","modified_gmt":"2024-05-10T15:32:51","slug":"mi-tia-mona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2024\/05\/10\/mi-tia-mona\/","title":{"rendered":"Mi t\u00eda Mona\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201cEl Cuento de Pedro\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Por: Pedro Norberto Castro Araujo<\/p>\n\n\n\n<p>Cari\u00f1osamente as\u00ed le llamaba mi padre Pepe Castro, a su hermana menor Alba Castro Castro. Quien junto con Checho, su otro hermano, se embellec\u00edan de felicidad cuando la ve\u00edan entrar sonre\u00edda por los portales de la casa Castro Monsalvo de la Plaza Mayor. Encuentros inolvidables para m\u00ed que hoy celosamente guardo en mi ser y permanecen intactos en mi retina, en sus miradas se retrataba el verdadero afecto de amor y hermandad. Ella lo sab\u00eda por ello les retornaba el cari\u00f1o con una sonrisa acompa\u00f1ada de un beso y un fraternal abrazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Era indiscutible en&nbsp;&nbsp;aquellos encuentros hacer remembranzas del ayer y remontarse a tiempos idos pero repletos de felicidad, hablar de su ni\u00f1ez engrandec\u00eda el discurso, cuando en compa\u00f1\u00eda de sus padres Guillermo y Josefina Castro de Castro sub\u00edan a lomo de mula a temperar en Manaure donde por d\u00e9cadas ha permanecido intacta su casa, ubicada en una de las esquinas dentro del entorno de la plaza y frente a la escultura del Libertador.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En la se\u00f1orial casona&nbsp;&nbsp;de los Castro pasaban largas temporadas toda la familia&nbsp;&nbsp;sobre todo en la \u00e9poca de recolecci\u00f3n del caf\u00e9, cosecha&nbsp;&nbsp;proveniente de sus fincas Las Margaritas y el Recreo donde se cultivaba un fino y arom\u00e1tico caf\u00e9 ar\u00e1bico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el trayecto entre Valledupar y Manaure los acompa\u00f1antes de la traves\u00eda,&nbsp;&nbsp;expertos jinetes caminaban solos dominando con destreza a su animal, era visible la recua de mulas cargadas de comestibles, costales y herramientas de trabajo; mi t\u00eda&nbsp;&nbsp;de ojos brillantes,&nbsp;&nbsp;piel clara y cabellos rubios ensortijados&nbsp;&nbsp;dulcemente cabalgaba sentada en la parte delantera de la montura del caballo azabache&nbsp;&nbsp;que sol\u00eda montar elegantemente mi abuelo,quien en el trayecto, la mimaba complaci\u00e9ndola en sus antojos, complaciendo a la sedienta jinete al apaciguar la sed producida por el inclemente sol d\u00e1ndole de beber agua fresca tomada de una cantimplora que guardaba celosamente en sus alforjas.<\/p>\n\n\n\n<p>Era obligado el paso por La Paz; en casa de Carlos Belisario Araujo Trespalacios, primo de mi familia donde reposaban del calor y la fatiga, recib\u00edan ingestas de pan con queso y bocadillo acompa\u00f1ado de&nbsp;&nbsp;agua de panela.<\/p>\n\n\n\n<p>Al despedirse&nbsp;&nbsp;de la familia Araujo Mor\u00f2n, sub\u00edan cuesta arriba pasando por el chorro por el camino viejo a San Jos\u00e9, r\u00edo Mocho en un extremo y por el otro bordeando el riecito a la altura del Morito en la desembocadura del r\u00edo Manaure, contemplando a lo lejos los cerros de las Cuevas de los Siete Caballeros en cercan\u00edas a La Tomita, luego su paso por Casa Blanca, Veracruz en la Rectica y Santa Helena hasta llegar al altiplano manaurero, donde finalmente reposar\u00edan las bestias las cuales eran descargadas por la servidumbre mientras los menores se acomodaban en sus aposentos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os aparte de ayudar en los quehaceres de la finca y el hogar eran matriculados en la escuela p\u00fablica a cargo del maestro Guillermo Araque, de quien recib\u00edan una educaci\u00f3n integral no solo en lo educativo sino en lo religioso, \u00e9tico y moral.<\/p>\n\n\n\n<p>A muy temprana edad se dej\u00f3 seducir del apuesto joven Carlos Dangond Daza, ingeniero agr\u00f3nomo educado en la universidad de Minas de Gerais en el Brasil, quien con maravilloso talento de emprendedor sac\u00f3 adelante una admirable familia y en poco tiempo logr\u00f3 amasar una importante fortuna.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre que converso con mi t\u00eda Alba, trae a relucir lo afortunada&nbsp;&nbsp;y generosa que ha sido la vida con ella, le regal\u00f3 siete hijos y un esposo estupendo, quien con poes\u00edas y canciones enamor\u00f3 y conquist\u00f3 su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201cLo blanco es la armon\u00eda&nbsp;&nbsp;y la rosa el candor.<\/p>\n\n\n\n<p>Conserva la blancura de tus ternesas y har\u00e1s feliz a quienes te rodean.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Alba de tu vida se siente el aroma de tus virtudes quien pudiera alcanzar esa flor para elevarla en el altar del ideal.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>A Carlos Dangond, a temprana edad la vida le paso un sinsabor, no logr\u00f3 degustar la miel de los frutos plantados, se fue muy joven a los brazos del Se\u00f1or. A sus 51 a\u00f1os en 1976 se alej\u00f3 tristemente de su hogar el cual sali\u00f3 adelante&nbsp;&nbsp;gracias al tes\u00f3n de una guerrera y batalladora mujer: Alba Castro de Dangond.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl Cuento de Pedro\u201d Por: Pedro Norberto Castro Araujo Cari\u00f1osamente as\u00ed le llamaba mi padre Pepe Castro, a su hermana menor Alba Castro Castro. Quien junto con Checho, su otro hermano, se embellec\u00edan de felicidad cuando la ve\u00edan entrar sonre\u00edda por los portales de la casa Castro Monsalvo de la Plaza Mayor. 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