{"id":11818,"date":"2024-06-12T08:27:50","date_gmt":"2024-06-12T13:27:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.conexioncesar.com\/?p=11818"},"modified":"2024-06-12T08:30:38","modified_gmt":"2024-06-12T13:30:38","slug":"el-dia-perfecto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2024\/06\/12\/el-dia-perfecto\/","title":{"rendered":"El d\u00eda perfecto"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Enrique Antonio De Luque Palencia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Vestido de lino blanco, con su sombrero de marinero, bajo la sombra del \u00e1rbol de almendra, esperaba con tranquilidad lo que, en su resabiada existencia, hab\u00eda declarado como el mejor d\u00eda. Hombre de finas costumbres, elegante en el beber y el comer, h\u00e1bil con las mujeres, de un encanto inusual, exquisito en sus gustos, cazador, pescador, maestro de obra, y un relacionista p\u00fablico emp\u00edrico, hab\u00eda construido la casa de sus padres en el Anc\u00f3n de la Bah\u00eda de Santa Marta durante su juventud. Con el transcurrir del tiempo, se convirti\u00f3 en el due\u00f1o de sus mejores recuerdos, jam\u00e1s dejando que la falta de dinero aniquilara su estampa de hombre encantador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En su mejor \u00e9poca, cuando la opulencia lo aguardaba bajo un palo de acacias, el \u00e9xito le toc\u00f3 la puerta, disfrazado de corredora de seguros, y s\u00ed que le fue bien. Se hizo socio de un grupo de cazadores que se reun\u00edan en &#8220;La Cueva&#8221;, un bar para buenos bebedores amantes de la buena m\u00fasica y la pasi\u00f3n por la caza. Enamorado de la vida y de las mujeres, iba dejando su sello particular en cada beso, un gran amor en cada abrazo, la eternidad en cada catre compartido, extendiendo as\u00ed su vida. Los hijos fueron llegando por unidades, docenas y centenas; a todos les daba el calor de padre y esta frase:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hijo, cuando yo tenga, b\u00fascame, que cuando no tenga, yo te buscar\u00e9 a ti.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s del almuerzo, para descansar de la jornada laboral, la m\u00fasica cl\u00e1sica hac\u00eda su arribo en el dormitorio. Al despertar, un caf\u00e9 negro bien cargado de az\u00facar espantaba las pesadillas y lo proteg\u00eda de las malas energ\u00edas. Con el anochecer, los tangos, los boleros y el ron aromatizaban la casa. Para dormir, un vaso de agua con bastante az\u00facar reposaba siempre en la mesa de noche, y en el mes\u00f3n de la cocina una bolsa de mogollas lo esperaba para acompa\u00f1arlo en sus antojos de son\u00e1mbulo. Era un gusto verlo remojar el pan en el alm\u00edbar y devorarlo con la pasi\u00f3n con que se ama a una mujer.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"270\" height=\"480\" src=\"https:\/\/www.conexioncesar.com\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/IMG-20240612-WA0115.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-11820\" srcset=\"https:\/\/conexioncesar.com\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/IMG-20240612-WA0115.jpg 270w, https:\/\/conexioncesar.com\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/IMG-20240612-WA0115-169x300.jpg 169w\" sizes=\"(max-width: 270px) 100vw, 270px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Hasta que una noche de luna llena, se levant\u00f3 por la bolsa de pan, y esta se elev\u00f3 e intent\u00f3 esconderse. Parpade\u00f3, se restreg\u00f3 los ojos, mir\u00f3 hacia donde estaba la escopeta de dos ca\u00f1ones e intent\u00f3 ir por la bolsa de pan; esta vez, la bolsa salt\u00f3 hacia \u00e9l. Corri\u00f3 hacia el cuarto, levant\u00f3 a la esposa y a los hijos, les cont\u00f3 lo sucedido y tom\u00f3 una decisi\u00f3n firme:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En la tierra donde los espantos no te quieren, es mejor dejar el polvor\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, de regreso a Santa Marta, cambi\u00f3 de actividad. Atr\u00e1s qued\u00f3 el corredor de seguros; ahora, en su nueva vida, se dedic\u00f3 a la construcci\u00f3n. Como maestro de obra, rompi\u00f3 los esquemas del pago a los trabajadores, marcando la pauta. Lo acostumbrado era pagar los s\u00e1bados, pero \u00e9l lo hac\u00eda los jueves, y por ello fue reconocido como &#8220;paga los jueves&#8221;. Justificaba el hecho afirmando que cuidaba el patrimonio de su equipo de trabajo, que el pago los s\u00e1bados era una irresponsabilidad y un atentado contra la estabilidad econ\u00f3mica del hogar. Pagar un s\u00e1bado era, seg\u00fan \u00e9l, apoyar el desorden et\u00edlico, y \u00e9l no era alcahuete de nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una manera de pensar muy peculiar, de cazador a pescador en su lancha &#8220;La Sayonara&#8221;, demostraba su irreverencia. Entre m\u00e1s picado el mar, m\u00e1s fruct\u00edfera era la pesca. Se re\u00eda a carcajadas diciendo que entre m\u00e1s bravo el toro, mejor es la corrida. Sal\u00eda a pescar cuando nadie lo hac\u00eda porque entend\u00eda al mar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo me pertenezco a \u00e9l, y es como mi madre, que por muy brava que est\u00e9, nunca atenta contra m\u00ed. Es todo lo contrario, es cuando mejor me sirve. As\u00ed es la mar; mi Sayonara y yo acariciamos y respetamos el mar. Esa es la raz\u00f3n por la cual salimos a pescar cuando nadie lo hace.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que la lancha llegaba cargada de pescado como una multiplicaci\u00f3n de los panes. Uno de los pescadores, que esa tarde lo escuchaba de manera incr\u00e9dula, lo mir\u00f3 fijamente y le grit\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acariciamos no, t\u00fa rompes las olas. Parece que tuvieras pacto con el diablo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una carcajada sonora, \u00e9l le respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pacto s\u00ed tengo, pero con la luna, que en sus noches de luna llena me acompa\u00f1a a enamorar a las sirenas que brotan del mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana de brisas decembrinas, se visti\u00f3 como siempre de blanco impecable, con el bast\u00f3n recostado en el brazo de la mecedora y con una taza de caf\u00e9 amargo sin az\u00facar, un purgante que tomaba con desprecio, ya que el az\u00facar se hab\u00eda convertido en su peor enemigo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ay de aquellos panes mojados en agua de az\u00facar! \u00a1Ay de los caf\u00e9s cargados con cubos de az\u00facar para acompa\u00f1ar las noches de pesca! \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de mis bocadillos con queso despu\u00e9s del almuerzo? \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de mis catres perdidos y de mis amores viejos?<\/p>\n\n\n\n<p>Una lista que su mente tej\u00eda con la misma paciencia que el pescador teje su trasmallo, silb\u00e1ndole a la nada una melod\u00eda que nadie entiende, pero que tranquiliza el alma. Ebrio de sus bellos recuerdos y meci\u00e9ndose en la mecedora de la miseria de los recuerdos, llegaron un hermano y un hijo a visitarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aj\u00e1, y esa elegancia tan temprano y vestido as\u00ed \u2014pregunt\u00f3 el hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Verdad, pap\u00e1, \u00a1qu\u00e9 tronco de pinta! \u00bfPara d\u00f3nde vas? \u2014dijo el hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo rompe olas, paga los jueves, el irreverente y encantador, el que ten\u00eda un pacto con la luna, los mir\u00f3 y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Habl\u00e9 con mi mam\u00e1. Hoy est\u00e1 de cumplea\u00f1os, y es el d\u00eda perfecto para yo morirme. Ya le dije, hoy te visito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No jodas, viejo! T\u00fa siempre sales con una vaina que ni gracia tiene.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hermano, nunca hay un buen d\u00eda para la muerte. D\u00e9jate de pendejadas.<\/p>\n\n\n\n<p>La conversaci\u00f3n se alarg\u00f3 en otros temas y se despidieron con besos y abrazos, como siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hermano, tranquilo, todo est\u00e1 bien. Hasta la mala suerte se cansa, as\u00ed que en la noche paso a ver si ya se te pas\u00f3 el antojo de morirte alg\u00fan d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A las 10 P.M., lleg\u00f3 al hospital San Juan de Dios de Santa Marta, ubicado frente al mar, un paciente con un fuerte dolor en el pecho y dificultad para respirar. Entr\u00f3 por urgencias y el m\u00e9dico recibi\u00f3 el siguiente parte:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Paciente de aproximadamente 76 a\u00f1os, tez blanca. Los s\u00edntomas muestran la posibilidad de un infarto, pero su apariencia nos confunde. A pesar de la dificultad respiratoria y del dolor en el pecho, mantiene una sonrisa y en su mirada hay un j\u00fabilo envidiable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014P\u00e1senlo a la camilla \u2014grit\u00f3 el galeno.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014T\u00edo, t\u00edo \u2014grit\u00f3 el m\u00e9dico\u2014. Enfermera, tr\u00e1igame&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Lo interrumpi\u00f3 el t\u00edo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l tr\u00e1igame? Nada de eso, no ser\u00e1s t\u00fa el que me da\u00f1e el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerr\u00f3 los ojos y, como el buen pescador, paciente, esper\u00f3 disfrutar de un d\u00eda perfecto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Enrique Antonio De Luque Palencia Vestido de lino blanco, con su sombrero de marinero, bajo la sombra del \u00e1rbol de almendra, esperaba con tranquilidad lo que, en su resabiada existencia, hab\u00eda declarado como el mejor d\u00eda. 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