{"id":12377,"date":"2024-08-02T07:39:57","date_gmt":"2024-08-02T12:39:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.conexioncesar.com\/?p=12377"},"modified":"2024-08-02T07:42:02","modified_gmt":"2024-08-02T12:42:02","slug":"no-soy-su-tia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2024\/08\/02\/no-soy-su-tia\/","title":{"rendered":"\u201cNo Soy Su T\u00eda\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p><br><strong><em>Por: Enrique de Luque Palencia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&#8220;T\u00eda, t\u00eda\u2026 yo no soy su t\u00eda, soy su mam\u00e1, carajo. \u00bfCu\u00e1ndo van a entender?&#8221;; respond\u00eda la modista sentada frente a su m\u00e1quina de coser. Mientras pedaleaba, ensartaba aguja y disfrazaba las penas, infidelidades y defectos de las mujeres del pueblo para ganarse la vida, afirmaba: &#8220;Un buen vestido llevado con altivez esconde todo, incluso las malas costumbres&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Los llamados de t\u00eda resonaban con fuerza en el patio, retumbando en el alma de la modista. Era una respuesta espont\u00e1nea, cotidiana que exclamaba la se\u00f1ora sin dejar de pedalear, robando una sonrisa al hombre que abanicaba su sombrero, concha de jobo mientras reposaba en la silla de madera forrada en cuero de vaca, tras una jornada laboral que iniciaba temprano con el orde\u00f1o de las vacas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&#8220;Nunca lo van a entender&#8221;, afirmaba mientras orgullosa miraba a sus gallos de pelea. &#8220;\u00bfC\u00f3mo no es a ti a quien le duele hasta los dientes al escucharlo?&#8221;, replicaba desde su taller de costura la t\u00eda. &#8220;Sup\u00e9ralo, mujer. El amor vence a la raz\u00f3n y al chismorreo del pueblo. La gente ni habla de eso y t\u00fa te has vuelto vieja esperando por algo que no ha de llegar&#8221;, dec\u00eda su esposo con tono consolador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Eran llamados afectivos que todas las tardes llegaban como un coro musical, un esc\u00e1ndalo similar a la algarab\u00eda que arman los pericos o loros al atardecer, acomod\u00e1ndose en pareja en los palos de mangos dispuestos a pernoctar retozando con alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Desde el patio se escuchaba el alboroto entre los juegos de los ni\u00f1os, quienes disfrutaban en un espacio inmenso donde cab\u00edan los doce hermanos y los diez amigos de la cuadra. Un patio lleno de \u00e1rboles frutales, una hortaliza, los galpones de los gallos finos, las pesebreras de los caballos, la casa de los seis perros que solo soltaban por la noche, el espacio para los juegos de los ni\u00f1os, canchas para jugar micro f\u00fatbol, voleibol y el espacio para jugar al escondite. Todo era controlado por la t\u00eda modista desde su taller, ubicado estrat\u00e9gicamente para tener una panor\u00e1mica de todo lo que ocurr\u00eda en el patio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&#8220;<strong><em>Me siento siempre aqu\u00ed mirando para all\u00e1, porque es la \u00fanica manera de controlar a la peleara que, bien desobediente si son. No vez c\u00f3mo me llaman los m\u00edos&#8221;, afirmaba la modista.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">El hombre, atractivo con 1.87 metros de altura, tez morena, ojos azules y cuerpo atl\u00e9tico, amante de la lectura, robaba versos a la musa para dedicarlos a su amada. Vest\u00eda con elegancia seg\u00fan la ocasi\u00f3n: para la misa, todo de drill blanco con sombrero estilo cubano; para el trabajo, pantal\u00f3n de drill color caqui y camisas a cuadros de le\u00f1ador; y para la jornada laboral, camisas amansa loco. Trabajador incansable, la palabra suya no necesitaba testigos ni notario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Decidi\u00f3 unir su vida bajo el sagrado sacramento del matrimonio con la hija del inspector de polic\u00eda del pueblo, un hombre probo y reconocido en toda la regi\u00f3n de la depresi\u00f3n del r\u00edo Grande de la Magdalena. De este feliz matrimonio nacieron cuatro hijos, hasta que una noche les lleg\u00f3 la visita de la muerte, sumergi\u00e9ndolos en la desolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En su soledad, la hermana de la difunta lleg\u00f3 para ayudar a criar a los cuatro hijos del viudo, despertando en ella sentimientos maternales y un deseo profundo de ser madre. Se enfrent\u00f3 a la picota p\u00fablica al aceptar lo que el viudo le insinuaba, desatando la sorpresa y los murmullos del pueblo. De esta uni\u00f3n nacieron seis hijos.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>&#8220;T\u00eda, t\u00eda, carajo, no soy su t\u00eda, soy su mam\u00e1&#8221;.<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Enrique de Luque Palencia &#8220;T\u00eda, t\u00eda\u2026 yo no soy su t\u00eda, soy su mam\u00e1, carajo. \u00bfCu\u00e1ndo van a entender?&#8221;; respond\u00eda la modista sentada frente a su m\u00e1quina de coser. 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