{"id":14222,"date":"2025-01-27T18:58:12","date_gmt":"2025-01-27T23:58:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.conexioncesar.com\/?p=14222"},"modified":"2025-01-27T19:54:28","modified_gmt":"2025-01-28T00:54:28","slug":"roberto-a-las-diez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2025\/01\/27\/roberto-a-las-diez\/","title":{"rendered":"Roberto a las diez"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Allan McDonald<\/p>\n\n\n\n<p>La vida se pudr\u00eda en la&nbsp;calle, frente aquel caf\u00e9 donde conoc\u00ed a Roberto Ru\u00edz, en aquel San Pedro Sula desgastado por el recuerdo. Solo las hilachas de aquel momento asoman en la memoria de ese octubre de 1987.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda antes me habl\u00f3 a Diario La Prensa, donde trabajaba en mi adolescencia: -\u201cnos vemos a las 10 en el Caf\u00e9 Atenas\u201d, dijo Roberto; que, desde hace d\u00e9cadas ven\u00eda siendo quiz\u00e1 el m\u00e1s estricto caricaturista de la historia de Honduras.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegu\u00e9 a las 10 exactamente, porque la man\u00eda de ver relojes es para m\u00ed una forma de imaginar el mundo sin ellos. Me sent\u00e9, tom\u00e9 el caf\u00e9 y esper\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo vi de lejos, caminaba despacio, sus pantalones de arrugas se bandereaban como un barco perdido en los mares de la gente. llevaba una camisa de cuadros marrones, arremangada, de faldas por fuera, sin prisa se deten\u00eda y decia adi\u00f3s con la mano a tantas personas que lo saludaban.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese a\u00f1o turbio del 87, \u00e9l ya era una leyenda. Siempre fue un desaf\u00edo Roberto Ru\u00edz para todos los caricaturistas. No importaba si nuestros d\u00edas fueran de iluminaci\u00f3n y dibuj\u00e1ramos con toda la virtud en las manos, los editores de aquella \u00e9poca en La Prensa, siempre ten\u00edan a Roberto Ru\u00edz de ejemplo: &#8211; \u201cno sos ni ser\u00e1s como Ru\u00edz, pero te vamos a publicar el dibujo\u201d- de mal modo, de un desprecio por el arte pon\u00edan el dibujo sobre el escritorio, y daban vuelta al cart\u00f3n y sobre \u00e9l asentaban la taza de caf\u00e9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda me llamaron a la sala de reuniones para decirme: &#8211; \u201cEn la prensa damos c\u00e1tedra de periodismo. Tu competencia son esos dos monstruos de la caricatura: Doumont de Diario Tiempo, y Roberto Ru\u00edz de La Tribuna\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A mis 16 a\u00f1os solo pens\u00e9 en renunciar e irme lejos de ese diario. Am\u00edlcar Santamar\u00eda, viejo sabio y director editorial del peri\u00f3dico, me alcanz\u00f3, me toc\u00f3 el hombro y me dijo con su voz de un gorri\u00f3n dormido: -No se preocupe Mac, Roberto Ru\u00edz es otra dimensi\u00f3n, y usted tiene otro estilo-<\/p>\n\n\n\n<p>De eso me acordaba en el caf\u00e9 esperando a Roberto, mientras miraba en el fondo a una muchacha y un joven, llorando quedito, tomados de la mano, despidi\u00e9ndose de algo que no pudieron vencer; yo tom\u00e9 la servilleta, hice un dibujo para esa pareja, pero al levantar la vista ya no estaban, doble la servilleta como si fuera una s\u00e1bana angostita para envolver el cad\u00e1ver de ese amor; pero esa es otra historia que nada tiene que ver con esta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar Roberto Ru\u00edz, me salud\u00f3 de la forma m\u00e1s simple. Una mano blanca, suave, sin apretujones, ni ceremonias; sencillo el hombre, se sent\u00f3 y le sirvieron el caf\u00e9; lo conoc\u00edan tanto que ya sab\u00edan qu\u00e9 tomaba.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Le coment\u00e9 algo sobre Reagan y los contras; me vio sin responder el comentario, quiz\u00e1 nunca lo escuch\u00f3, y dijo observando la acera encharcada de vendedores ambulantes: \u201ccreo que va a llover y hablamos de cosas simples y banales. Sin ideolog\u00edas, sin pol\u00edtica, sin las pretensiones eruditas que la gente usa para glorificarnos o condenarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>-Vamos a mi oficina, le quiero entregar un libro y de paso termino la caricatura de ma\u00f1ana- dijo buscando en el fondo de la taza vac\u00eda, alg\u00fan recuerdo de alguien.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos fuimos caminando hasta el Estadio Moraz\u00e1n. En la parte baja estaba su oficina, un local inmenso, limpio con un tablero de dibujo y dos mesas laterales enormes, llenas de papeles y centenares de l\u00e1pices de todos los colores, acuarelas y pinceles, y un par de caballetes en las esquinas, arrinconados como dos perros muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>En silencio me entreg\u00f3 su libro, publicado en los a\u00f1os 70: \u201cTel\u00f3n\u201d: Una colecci\u00f3n de sus principales caricaturas durante esa d\u00e9cada, donde \u00e9l fue a la c\u00e1rcel, por el gorilato militar que traficaba con drogas y dolor, matando a mansalva a quien pensaba contra la tiran\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Me qued\u00e9 sentado, en el umbral de la puerta, para que se iluminaran mejor esas im\u00e1genes tan minuciosas, esas caricaturas subversivas eran como un \u00e1lbum de miserias fotografiadas por el poder.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se qued\u00f3 de pie en soledad, mirando una pared vac\u00eda, pintada en gris; luego sac\u00f3 de un estuche sus lentes cuadraditos, y se instal\u00f3 a dibujar en la mitad de una hoja de papel carta. All\u00ed, ese momento fue fulminante para mi imaginaci\u00f3n, cre\u00ed que Roberto dibujaba en una cartulina enorme, donde trazaba tantos elementos: pero en la mitad de una hoja era imposible. Sacaba su plumilla china, y empezaba a entintar detalles tan peque\u00f1os, con tantos personajes, con tanta impavidez; luego paraba y caminaba hacia atr\u00e1s 3 metros, y all\u00ed sacaba un cigarro, torc\u00eda la cabeza y miraba con los ojos achicados, como se mira por una cerradura aquel dibujo de lejos, como si fuera un hijo dormido\u2026 10 minutos pensaba contemplando el arte final, con el cigarro agonizando en sus dedos, caminaba al frente y dibujaba un punto y decia: esto perfecciona todo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento entend\u00ed que ser caricaturista es el oficio m\u00e1s serio del mundo y el m\u00e1s exacto en el momento de definir un simple punto, porque pierde el encanto total, al hacerlo o no hacerlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00f3 la caricatura, la coloc\u00f3 dentro de un sobre y dijo: -V\u00e1monos McDonald.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos fuimos, esta vez en su auto, un Toyota Corolla color caf\u00e9 del 85, que estaba estacionado frente a Helados Pops; pasamos por diario La Tribuna, dej\u00f3 su caricatura; me pas\u00f3 dejando por La Prensa, me dio la mano y despareci\u00f3 en la tercera avenida. Me qued\u00e9 en la acera hasta que el auto ya solo era un fantasma polvoriento en aquella calle de comercio y miserias.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruc\u00e9 la calle, sub\u00ed las 23 gradas de la sala de redacci\u00f3n, entr\u00e9 a mi cub\u00edculo y vi mi escritorio con una p\u00e1gina en blanco, me sent\u00e9 frente a ella, me pareci\u00f3 un cementerio sin muertos y ya sin ganas de dibujar despu\u00e9s de ver ese prodigioso dibujante, ya no dan ganas de hacer nada. Todo se convert\u00eda en ilusiones y en ese momento yo perd\u00eda las m\u00edas para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 la vida con todos sus espejismos y 38 a\u00f1os despu\u00e9s, el s\u00e1bado 25 de enero, a las 7 de la ma\u00f1ana me escribi\u00f3 Doumont, su amigo de medio siglo, el m\u00e1s cercano a \u00e9l y me dijo: Ha muerto Roberto Ru\u00edz.<\/p>\n\n\n\n<p>Me sent\u00e9 a la orilla de la cama, corr\u00ed las ventanas y vi el incendio del mundo\u2026 Retroced\u00ed 3 metros y pens\u00e9: &#8211; hace falta un punto, eso perfecciona todo, como lo hac\u00eda Roberto Ru\u00edz\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Allan McDonald La vida se pudr\u00eda en la&nbsp;calle, frente aquel caf\u00e9 donde conoc\u00ed a Roberto Ru\u00edz, en aquel San Pedro Sula desgastado por el recuerdo. Solo las hilachas de aquel momento asoman en la memoria de ese octubre de 1987. 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