{"id":15523,"date":"2025-06-05T04:50:14","date_gmt":"2025-06-05T09:50:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.conexioncesar.com\/?p=15523"},"modified":"2025-06-05T04:50:17","modified_gmt":"2025-06-05T09:50:17","slug":"la-otra-orilla-del-rio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2025\/06\/05\/la-otra-orilla-del-rio\/","title":{"rendered":"La otra orilla del r\u00edo"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Enrique Antonio De Luque Palencia<\/p>\n\n\n\n<p>Nacieron, al igual que yo, en un pueblo abrazado por un hilo de tierra que no le permiti\u00f3 ser isla. Una punta entre departamentos, una esquina del mapa habitada por seres anfibios: recios, acostumbrados al vaiv\u00e9n del agua y la firmeza de la tierra. Eran conocedores de la naturaleza y sus misterios, de los cambios de la luna y los avisos del sol seg\u00fan su picor. Eran pescadores, agricultores, ganaderos, jornaleros. En fin, en un solo lugar converg\u00edan todas las artes, la creatividad y la innovaci\u00f3n necesarias para enfrentar los embates de la vida sin l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una cultura muy arraigada \u2014la del pescador\u2014, eran pacientes, esperaban lo que el r\u00edo quisiera regalarles y recog\u00edan, seg\u00fan las temporadas de la ribera, lo que la naturaleza les permit\u00eda. Sin afanes, tranquilos, con prole abundante, le cantaban a la luna, y en noches iluminadas por velas de esperma, se escapaban de las penas y se embriagaban al son del tambor. Eran nobles, ingenuos, sencillos y humildes.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese ambiente nacieron Pedro y Juan.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus padres, con el paradigma del \u201cque no sean como yo y que no vivan lo que nosotros vivimos\u201d, los matricularon en la escuela. Quer\u00edan que aprendieran a leer, a sumar, y, sobre todo, que no se quedaran \u201cbrutos\u201d. \u00bfY por qu\u00e9 no? Si la suerte acompa\u00f1aba, podr\u00edan ir a la universidad. As\u00ed, ser\u00edan \u201calguien en la vida\u201d, porque \u2014seg\u00fan ellos\u2014 el ser humano no es nadie si no estudia.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de asistir a clases, les tocaba ayudar en las labores del hogar: buscar agua, cargar le\u00f1a, arreglar el pescado, acompa\u00f1ar a recoger la yuca. Y, en los escasos espacios libres, jugaban trompo, \u201cel quemado\u201d, \u201cel escondido\u201d, la lleva, el cacho o iban a pescar. Pero no por diversi\u00f3n, sino por obligaci\u00f3n. Era un arte m\u00e1s, como tejer la atarraya, la barredera o el trasmallo. Del aula de clase, directo al campo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada tarde, luego de la jornada, se sentaban bajo un frondoso \u00e1rbol. Una ceiba m\u00e1s antigua que la fundaci\u00f3n del pueblo. En ella se escond\u00edan los amores prohibidos de los transe\u00fantes que robaban besos a las parroquianas, ya en edad de cambiar los pantalones cortos por los largos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, Pedro le dijo a Juan mientras miraba al horizonte:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hey, observa del otro lado del r\u00edo, \u00bfves esa otra orilla? Mira, hay una tierra f\u00e9rtil. Todo lo que se siembra crece por montones. Nunca se inunda. Es pr\u00f3spera. Adem\u00e1s, hay mucho espacio. Nosotros podr\u00edamos cruzar el r\u00edo, arriesgarnos y aprovechar parte de esa abundancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan apenas atin\u00f3 a responder:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aj\u00e1, s\u00ed&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Piensa, Juan. Del otro lado de las monta\u00f1as deben existir ciudades m\u00e1s grandes, con mucha gente que no tiene lo que a nosotros nos sobra aqu\u00ed, incluso las subiendas que se pierden y el pescado que no se recoge. \u00bfQu\u00e9 tal si t\u00fa y yo vamos y aprovechamos todo eso? Cambiar\u00eda todo. No tendr\u00edamos que estar aqu\u00ed, sentados todos los d\u00edas, viendo pasar la vida, el r\u00edo y sus muertos. \u00bfNo te parece? \u00bfQu\u00e9 dices, Juan? \u00bfVamos?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ve t\u00fa \u2014respondi\u00f3 Juan\u2014. Yo no tengo necesidad de buscar lo que no se me ha perdido. Cruzar el r\u00edo es peligroso, adem\u00e1s&#8230; tierras que yo no conozco, no se\u00f1or. D\u00e9jame aqu\u00ed, tranquilo, que aqu\u00ed lo tengo todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro se fue. Cruz\u00f3 el r\u00edo. A los cinco a\u00f1os regres\u00f3 a la misma ceiba. Encontr\u00f3 a Juan m\u00e1s viejo, m\u00e1s tranquilo, m\u00e1s resignado. Todo segu\u00eda igual.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hey, Juan&#8230; sigues igual. Nada ha cambiado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Algunas cosas s\u00ed, Pedro. El mismo r\u00edo&#8230; pero con menos agua y menos pescado. La misma ceiba&#8230; pero sin recuerdos. Y yo, m\u00e1s viejo, esperando de la nada lo que a la nada nunca le ped\u00ed.<br>\u00bfY t\u00fa? \u00bfC\u00f3mo te fue, Pedro?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bien, Juan. La ciudad exist\u00eda. Las oportunidades tambi\u00e9n. Cruc\u00e9 el r\u00edo, casi me ahogo, pero lo logr\u00e9. Encontr\u00e9 la ciudad en las monta\u00f1as. Me perd\u00ed, casi me devuelvo, pero una voz me dijo: \u201cSigue\u201d. Y segu\u00ed. Me adapt\u00e9. Abr\u00ed camino con el est\u00f3mago vac\u00edo. Dorm\u00ed prestado. Me vest\u00ed alquilado. Pero ahora&#8230; estoy aqu\u00ed. Lo logr\u00e9. Tengo una empresa consolidada, un nombre, un reconocimiento\u2026 y muchas a\u00f1oranzas por mi pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa eres feliz, Pedro?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, Juan. Soy feliz.<br>\u00bfY t\u00fa, Juan?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tambi\u00e9n, Pedro. Yo tambi\u00e9n soy feliz.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro lo mir\u00f3 con ternura y concluy\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hermano&#8230; la vida es simple. Uno decide qu\u00e9 quiere, cu\u00e1ndo lo quiere y para qu\u00e9 lo quiere.<br>Ve por lo tuyo.<br>S\u00e9 feliz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Enrique Antonio De Luque Palencia Nacieron, al igual que yo, en un pueblo abrazado por un hilo de tierra que no le permiti\u00f3 ser isla. Una punta entre departamentos, una esquina del mapa habitada por seres anfibios: recios, acostumbrados al vaiv\u00e9n del agua y la firmeza de la tierra. 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