{"id":15817,"date":"2025-07-09T15:13:58","date_gmt":"2025-07-09T20:13:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.conexioncesar.com\/?p=15817"},"modified":"2025-07-09T15:14:01","modified_gmt":"2025-07-09T20:14:01","slug":"obras-son-amores-no-palabras-que-hieren","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2025\/07\/09\/obras-son-amores-no-palabras-que-hieren\/","title":{"rendered":"Obras son amores, no palabras que hieren"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Yarime Lobo Baute<\/p>\n\n\n\n<p>Me mezo en la hamaca grande de mi alma, entre dos estaciones que son mi refugio y mi lienzo: Choach\u00ed, donde las monta\u00f1as de Cundinamarca susurran secretos de niebla, y Valledupar, donde el Valle de Upar canta con la voz del r\u00edo Guatapur\u00ed. Mis talleres, como cuevas de loba, guardan los latidos de mis ancestros: los de mi padre, nacido en Gonz\u00e1lez y tocado por las brisas de Santa Marta y el amor que lo ancl\u00f3 en el Valle de Upar; los de mi madre, arraigados en Valledupar, en la tierra sagrada de Patillal y Pueblo Bello, donde la memoria de sus ancestros enclavados en la Sierra Nevada respira en cada piedra. En estas estaciones, mi arte vibra como la Estaci\u00f3n de los Lobeznos que late en mi coraz\u00f3n. Mis trazos y trazas se hacen obras, unas veces dise\u00f1os, otras veces pinturas que se hacen trocitos de colores que forran los palmos de los muros y pisos como pentagramas que son un canto a la tierra. Desde ellas miro a Colombia, esta tierra que amo, pero que se desgarra en palabras que hieren. Hoy, mi voz no pinta: escribe.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el mercado de voces que es nuestra naci\u00f3n, dos nombres resuenan como tambores: Gustavo Petro y \u00c1lvaro Uribe. Son colores opuestos en el lienzo de nuestra historia. Petro, con su paleta de justicia social, pinta los sue\u00f1os de los olvidados, los que buscan un lugar en el sol. Uribe, con su trazo firme, dibuj\u00f3 un pa\u00eds donde la seguridad fue el cimiento para quienes tem\u00edan el caos. Pero en las redes, en X, donde las palabras vuelan como vientos huracanados, he visto c\u00f3mo las cr\u00edticas se tornan dagas. Se dice que Petro \u201ccompra elecciones\u201d o que su \u201cpaz total\u201d es un lienzo roto por la violencia. Se acusa a Uribe de ser el titiritero de un pa\u00eds en llamas. Estas palabras no son pinceladas de luz: son sombras que nos dividen. La destrucci\u00f3n de la val\u00eda y el ser de estos l\u00edderes, con sus virtudes y errores, para lo \u00fanico que servir\u00e1 es para ahondar m\u00e1s una divisi\u00f3n que siembra miedo y zozobra. \u00bfC\u00f3mo puede un pa\u00eds progresar cuando se cultiva el miedo, generador de todas las emociones exacerbadas\u2014odio, ira, venganza\u2014y no se ve el amor como cultivo?<\/p>\n\n\n\n<p>Mis trazos y trazas, que se hacen trocitos de colores en muros y pisos, son un canto a la tierra. En Macondo, m\u00fasica y leyenda, los colores del Valle de Upar\u2014el acorde\u00f3n, la caja, la guacharaca, la serran\u00eda, el sol tropical\u2014se funden con l\u00edneas geom\u00e9tricas que susurran los c\u00f3digos de nuestros ancestros. No es una huida de la realidad, sino un abrazo a ella. As\u00ed debe ser nuestra mirada hacia Petro y Uribe. Critiquemos sus trazos, s\u00ed: las reformas de Petro que tropiezan en un pa\u00eds herido, la seguridad de Uribe que dej\u00f3 cicatrices. Pero no neguemos su intento de pintar un futuro. Cada uno, a su manera, ha querido ser un juglar de esta tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>En mis talleres, entre Choach\u00ed y Valledupar, he aprendido que el respeto no es rendirse: es reconocer que el otro es parte del mismo paisaje. Criticar no es destruir; es se\u00f1alar el camino hacia la poes\u00eda. Pero cuando la cr\u00edtica se vuelve insulto, el cuadro se quiebra. Petro no es solo \u201codio de clases\u201d, ni Uribe, una \u201cm\u00e1quina asesina\u201d. Son hombres que han intentado responder al latido de una Colombia que sangra y sue\u00f1a, desde los desiertos de Punta Gallinas hasta el Santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Las Lajas.<\/p>\n\n\n\n<p>El desarrollo no nace en el lienzo roto de la discordia. No crece cuando borramos al otro, en lugar de sumar colores a su obra. Petro sue\u00f1a con una Colombia donde los pobres tengan voz; Uribe, con una donde el orden permita florecer. \u00bfNo son ambos deseos parte del mismo cuadro? El progreso es una sinfon\u00eda vallenata: necesita el acorde\u00f3n de la justicia, la caja de la seguridad, la guacharaca del respeto. Pero mientras gritemos en lugar de escuchar, nuestro lienzo seguir\u00e1 siendo un borrador, te\u00f1ido por el miedo que nos paraliza.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que el viento no elige bandos: acaricia a todos por igual. Critiquemos con la grandeza de quien pinta con amor, no con veneno. Respetemos, no porque estemos de acuerdo, sino porque en el respeto hallamos la fuerza para sanar. Colombia no necesita m\u00e1s palabras que la hieran, sino manos que la tejan, desde La Punta de la Guajira hasta la Punta del Amazonas. Como sol\u00eda enfatizar mi abuela patillalera: Obras son amores y no buenas razones. Que nuestras voces sean pinceladas de esperanza, que el respeto sea el cimiento de un pa\u00eds que pinte su progreso con los colores de todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Yarime Lobo Baute, meciendo el alma en la hamaca grande, entre La Ventana de la Luna y La Maternal, Centenaria y Brav\u00eda, con los ojos en el infinito y el coraz\u00f3n en ese \u00e1rbol llamado Macondo que emula el \u00e1rbol de la vida misma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Yarime Lobo Baute Me mezo en la hamaca grande de mi alma, entre dos estaciones que son mi refugio y mi lienzo: Choach\u00ed, donde las monta\u00f1as de Cundinamarca susurran secretos de niebla, y Valledupar, donde el Valle de Upar canta con la voz del r\u00edo Guatapur\u00ed. 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