{"id":17259,"date":"2026-01-25T13:34:07","date_gmt":"2026-01-25T18:34:07","guid":{"rendered":"https:\/\/conexioncesar.com\/?p=17259"},"modified":"2026-01-25T13:45:17","modified_gmt":"2026-01-25T18:45:17","slug":"el-cazador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2026\/01\/25\/el-cazador\/","title":{"rendered":"El cazador"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201cEl cuento de Pepe\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En una tarde muy caliente de Maracaibo, cuando apenas cambi\u00f3 de direcci\u00f3n el sol, a eso de las tres de la tarde nos sentamos en la terraza del hotel Victoria un grupo de provincianos, de quienes hac\u00edamos parte Efra\u00edn Quintero, D\u00e1maso Villaz\u00f3n, Jos\u00e9 Vicente Bernardinelly, Herminio Bernardinelly, Tirso Maya y yo. Trat\u00e1bamos de distraer lo que quedaba del d\u00eda, y disfrut\u00e1bamos adem\u00e1s de las brisas frescas que a esa hora comenzaban a soplar provenientes del lago. Al frente nuestro estaba situada la hermosa plaza Baralt y a la derecha de \u00e9sta quedaba el mercado de la ciudad, lugar que a diario visit\u00e1bamos con el fin de que don Joaqu\u00edn Valbuena, con paciencia, se interesara por cancelar el valor de nuestros viajes con novillos.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan cuando eran d\u00edas que implicaban gran fatiga, tambi\u00e9n eran muy buenos para descansar y olvidar las tragedias e inconvenientes que implicaban esos largos y cansones viajes, los cuales eran necesarios para llevar hasta ese mercado semilibre nuestros lotes de ganado, cerdos, gallinas y cuanto produjeran nuestras provincias.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra distracci\u00f3n se centraba en la tertulia, la cual la bas\u00e1bamos en la vida y los personajes de nuestros pueblos, pero especialmente o\u00edamos los cuentos verdaderos o ficticios del excelente narrador, mi compadre Jos\u00e9 Vicente Bernardinelly, quien era festivo, inteligente, avezado y ten\u00eda mucha m\u00edmica para representar las historias que nos iba relatando.<\/p>\n\n\n\n<p>El cazador es una de las historias que recuerdo. Trata sobre un matrimonio que vive en un pueblo de provincia, aparentemente muy feliz. No obstante, para el marido la cacer\u00eda representaba su mayor inter\u00e9s. Se iba de viaje por varios d\u00edas y dejaba a su se\u00f1ora fastidiada en su casa, esperando el regreso y las historias que con seguridad le relatar\u00eda luego de las largas caminatas que hac\u00eda de d\u00eda o de noche, mientras iba tras un venado o un tigre. As\u00ed el marido se divert\u00eda, mientras ella llevaba una vida l\u00e1nguida, aburrida, fatigada con la soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>No exist\u00eda ni siquiera la radio, mucho menos la televisi\u00f3n. Era cierto que su marido la manten\u00eda muy bien, con los mejores muebles, la nevera siempre llena, con un patio lleno de pollos y gallinas, pero sin su compa\u00f1\u00eda y su afecto, que ella necesitaba en las largas noches de invierno: \u00e9l, de manera ego\u00edsta, s\u00f3lo estaba pendiente de la informaci\u00f3n que le suministraban de animales silvestres para cazar.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta situaci\u00f3n fue observada por un vecino avispado, que r\u00e1pidamente conquist\u00f3 los afectos de la triste mujer y logr\u00f3 relacionarse \u00edntima y apasionadamente con ella. Todo march\u00f3 muy bien, hasta que un d\u00eda el esposo le inform\u00f3 a su c\u00f3nyuge que iba a salir por una semana y le pidi\u00f3 que le preparara bien el equipaje, cosa que ella hizo con esmero. En unos morrales empac\u00f3 todo lo que era necesario para la larga temporada que \u00e9l pasar\u00eda por fuera. El d\u00eda convenido, que result\u00f3 un lunes, el marido parti\u00f3 temprano, despidi\u00e9ndose con muchos besos y caricias y afirm\u00e1ndole que lo esperaba el pr\u00f3ximo s\u00e1bado y que se preparara porque a su regreso iban a realizar un largo paseo por Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el marido parti\u00f3, ella busc\u00f3 la manera de avisarle a su amante, quien lleg\u00f3 presuroso luego de enterarse de que \u00e9l tendr\u00eda toda una semana libre para gozar. Cuando lleg\u00f3, enseguida la invit\u00f3 a la cama, pero ella le dijo: \u2014Esta vez vamos a hacerlo de manera diferente, nada de cama, te propongo que lo hagamos como el burro y la burra.<\/p>\n\n\n\n<p>Acto seguido, ella se desnud\u00f3 completamente y \u00e9l la imit\u00f3; luego se acariciaron de pie, lo que les gener\u00f3 una tremenda excitaci\u00f3n. Ella se desprendi\u00f3 de sus brazos, corri\u00f3 y fue seguida por \u00e9l, quien para darle m\u00e1s sentido de realidad al acto, comenz\u00f3 a imitar unos rebuznos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron veloces por el amplio patio en cuyo centro hab\u00eda un frondoso \u00e1rbol de mam\u00f3n; en el juego, cuando \u00e9l casi la alcanzaba, ella lo pateaba suavemente, lo que aumentaba su ardor. Finalmente, debajo del \u00e1rbol frondoso, el amante la alcanz\u00f3; ambos estaban sudorosos. All\u00ed, ella, imitando al animal que estaba representando, se puso en cuatro patas, y \u00e9l, imitando al burro, se le acerc\u00f3 y le mordi\u00f3 suavemente la pierna, meti\u00f3 la nariz por su parte trasera, procediendo ella seguidamente a botar unas gotas de orina. Posteriormente, \u00e9l volte\u00f3 su cara hacia las ramas del \u00e1rbol como si mirara al cielo. Qued\u00f3 est\u00e1tico. Ella dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mijo, ya orin\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo que \u00e9l respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira ahora pa\u2019 arriba, pa\u2019 que te mueras.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo alto de las ramas frondosas estaba escondido el hombre enga\u00f1ado, quien les apuntaba con una escopeta de dos ca\u00f1ones.<\/p>\n\n\n\n<p>Al burro se le acabaron los br\u00edos y ya no pudo cubrir a la burra. El cazador logr\u00f3 disparar sin herir a nadie, y si no atin\u00f3, se debi\u00f3 a la brisa que agitaba el \u00e1rbol. La burra, m\u00e1s \u00e1gil, corri\u00f3 todo lo que pudo y se encerr\u00f3 en su alcoba, mientras que el burro apenas alcanz\u00f3 a recoger su ropa, abrir la puerta y correr desnudo por las calles buscando protecci\u00f3n: su pene, en ese trance, era tan grande como el de un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordar es volver a vivir.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl cuento de Pepe\u201d En una tarde muy caliente de Maracaibo, cuando apenas cambi\u00f3 de direcci\u00f3n el sol, a eso de las tres de la tarde nos sentamos en la terraza del hotel Victoria un grupo de provincianos, de quienes hac\u00edamos parte Efra\u00edn Quintero, D\u00e1maso Villaz\u00f3n, Jos\u00e9 Vicente Bernardinelly, Herminio Bernardinelly, Tirso Maya y yo. 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