{"id":17507,"date":"2026-07-17T11:49:13","date_gmt":"2026-07-17T16:49:13","guid":{"rendered":"https:\/\/conexioncesar.com\/?p=17507"},"modified":"2026-07-17T11:49:14","modified_gmt":"2026-07-17T16:49:14","slug":"16-de-julio-el-cuento-de-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2026\/07\/17\/16-de-julio-el-cuento-de-pedro\/","title":{"rendered":"16 DE JULIO: &#8220;El cuento de Pedro&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Por: Pedro Norberto Castro Araujo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Crec\u00ed en un hogar de creyentes. Personalmente, he sido un ferviente devoto de la Virgen de la Medalla Milagrosa, a quien atribuyo el milagro de haber salvado mi vida; del Ecce Homo de Valledupar y de Mar\u00eda Auxiliadora. De mi abuela, Carmelita Mor\u00f3n, hered\u00e9 la devoci\u00f3n por San Francisco de As\u00eds, patrono de La Paz, y por San Rafael, del corregimiento de Tup\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi padre, &#8220;Pepe Castro&#8221;, era un hombre de profunda fe. Era devoto de los santos y v\u00edrgenes venerados a lo largo y ancho de la antigua provincia: desde la Virgen de Santa Marta, la Virgen de la Candelaria de Magangu\u00e9, Los Venados y Becerril; pasando por la Virgen de los Remedios de Riohacha, Barrancas y R\u00edo de Oro; la Virgen del Rosario de El Molino y Valledupar; la Virgen de Chiquinquir\u00e1 de Urumita y Chiriguan\u00e1; la Virgen del Pilar de La Jagua de Ibirico; la Virgen de las Mercedes de Patillal; la Virgen del Perpetuo Socorro de San Diego; la Divina Pastora de Agust\u00edn Codazzi; la Virgen del Carmen de Manaure, Las Pitillas, San Jos\u00e9 de Oriente, El Plan, Pailitas, Sabana Nueva y Arroyo Negro (C\u00f3rdoba); hasta llegar a Nuestra Se\u00f1ora de Torcoroma, en Oca\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esa raz\u00f3n, cada 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, mi padre me embarcaba desde muy temprano en su Jeep Toyota para recorrer los municipios y corregimientos donde se rend\u00eda homenaje a la patrona de los conductores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera parada era a las cinco de la ma\u00f1ana, en la iglesia del barrio El Carmen, en Valledupar, para asistir a la tradicional alborada musical que cada a\u00f1o anuncia el inicio de la celebraci\u00f3n. Ese templo ocupa un lugar especial en mi memoria, pues muy cerca de all\u00ed curs\u00e9 mis estudios secundarios en el Colegio El Carmelo, bajo la orientaci\u00f3n del recordado sacerdote Rafael Daza D\u00edaz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s emprend\u00edamos camino hacia Pueblo Bello para desayunar y, finalmente, lleg\u00e1bamos a Manaure, donde nos esperaban las fiestas patronales y la hospitalidad de familias amigas como los Araque, Julio Acosta o Jos\u00e9 Bol\u00edvar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy recuerdo con enorme gratitud aquellas jornadas de fe que un padre cristiano sembr\u00f3 en mi coraz\u00f3n y que a\u00fan permanecen vivas en mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Confieso que cada vez que se aproxima el 16 de julio un profundo sentimiento invade mi memoria. Casi de manera autom\u00e1tica comienza a sonar en mi mente aquella canci\u00f3n compuesta en honor a la Virgen del Carmen. Es imposible no recordar entonces a Enrique Coronado, personaje ampliamente conocido en aquella \u00e9poca y cuyo nombre sigue mencion\u00e1ndose cada a\u00f1o cuando llega esta fecha en distintos rincones del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n debo confesar que hered\u00e9 una hermosa costumbre: visitar Manaure cada 16 de julio. Aunque el tiempo ha pasado, los lugares y las amistades siguen siendo los mismos. Siempre termino pasando por la casa de los Araque, saludando a Jos\u00e9 Campo, Julio Acosta Jr., Alberth Quintero o compartiendo un caf\u00e9 en Villa Adelaida con el doctor Memo Fragoso y la doctora Amparo Iriarte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Euclides Enrique Coronado Arag\u00f3n fue un reconocido empresario de origen guajiro, radicado en Barranquilla, cuya devoci\u00f3n por la Virgen del Carmen era ampliamente conocida. Cada a\u00f1o organizaba una solemne procesi\u00f3n por las calles del tradicional barrio El Prado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las cercan\u00edas de la Segunda Brigada del Ej\u00e9rcito pose\u00eda una elegante residencia de arquitectura republicana. All\u00ed ofrec\u00eda una de las fiestas m\u00e1s importantes de la temporada, amenizada por los mejores conjuntos vallenatos del momento y a la que asist\u00edan dirigentes pol\u00edticos, empresarios y reconocidas personalidades de la regi\u00f3n Caribe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Consciente de la profunda devoci\u00f3n que la familia Zuleta D\u00edaz profesaba a la Virgen del Carmen \u2014especialmente la matrona Sara Baquero, madre de Emiliano Zuleta\u2014, Enrique Coronado invit\u00f3 con suficiente anticipaci\u00f3n a los hermanos Poncho y Emiliano para participar en aquella celebraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue precisamente esa invitaci\u00f3n la que inspir\u00f3 uno de los merengues m\u00e1s recordados del folclor vallenato: &#8220;La Virgen del Carmen&#8221;, composici\u00f3n de Emiliano Zuleta D\u00edaz, interpretada por Tom\u00e1s Alfonso Zuleta, con coros de Joe Arroyo, incluida en el \u00e1lbum Tierra de Cantores, producido por la disquera CBS.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde la primera estrofa, Emiliano deja ver la profunda fe que siempre profes\u00f3 hacia la Virgen:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>&#8220;No hay cosa m\u00e1s bonita que sentirse uno con fe\u2026&#8221;<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la segunda estrofa, el compositor une esa devoci\u00f3n con el inmenso amor que sent\u00eda por su madre, do\u00f1a Carmen Baquero:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>&#8220;Por eso es que Emilianito la tiene que venerar\u2026&#8221;<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y en la tercera estrofa inmortaliza el nombre del hombre que motiv\u00f3 aquella composici\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><strong>&#8220;Enrique Coronado nos ha mandado una carta\u2026&#8221;<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s, esa canci\u00f3n contin\u00faa sonando cada 16 de julio en pueblos, carreteras y ciudades del Caribe colombiano. Es el testimonio de una \u00e9poca en la que la fe, el vallenato y la amistad caminaban de la mano; una tradici\u00f3n que sigue viva en la memoria de quienes crecimos viendo c\u00f3mo la devoci\u00f3n tambi\u00e9n se cantaba con acorde\u00f3n, caja y guacharaca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Pedro Norberto Castro Araujo Crec\u00ed en un hogar de creyentes. Personalmente, he sido un ferviente devoto de la Virgen de la Medalla Milagrosa, a quien atribuyo el milagro de haber salvado mi vida; del Ecce Homo de Valledupar y de Mar\u00eda Auxiliadora. 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