{"id":5725,"date":"2023-02-07T10:42:16","date_gmt":"2023-02-07T15:42:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.conexioncesar.com\/?p=5725"},"modified":"2023-02-07T10:43:45","modified_gmt":"2023-02-07T15:43:45","slug":"mi-abuela-lucila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conexioncesar.com\/index.php\/2023\/02\/07\/mi-abuela-lucila\/","title":{"rendered":"Mi abuela Lucila"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Patricia Berdejo<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda yo 14 a\u00f1os, cuando parti\u00f3 mi abuela Lucila. La emotividad y el llanto no asomaron al momento de sus exequias, por fortuna, sin sacerdotes ni los rituales cat\u00f3licos de rigor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pidi\u00f3 ser sepultada en los Jardines del Recuerdo, en Barranquilla, porque no soportar\u00eda &#8220;_el calor asfixiante de una b\u00f3veda en Fundaci\u00f3n_&#8221;; extra\u00f1a petici\u00f3n que contradec\u00eda su pensamiento libre, sin obsesiones malsanas ni consignas religiosas ni at\u00e1vicas. Los curas, para ella, eran unos farsantes que no aguantaban una requis\u00e1 de sotana. A\u00f1os despu\u00e9s lleg\u00f3 a mis manos sin saber por qu\u00e9, un acta de su defunci\u00f3n y dec\u00eda que era protestante, enti\u00e9ndase en este caso como no cat\u00f3lica ni de ning\u00fan otro credo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0Despu\u00e9s de una larga estad\u00eda en Baltimore, mi madre decidi\u00f3 aterrizar en Fundaci\u00f3n y estuve bajo el amparo de la Ni\u00f1a Lucy unos tres a\u00f1os de mi infancia. Era una dama pr\u00f3diga que compraba las cosas por pares: si las perd\u00eda de vista no vacilaba en adquirirlas nuevamente, porque era m\u00e1s\u00a0\u00a0jodido y\u00a0\u00a0riesgoso buscar\u00a0\u00a0y lamentar. Ella\u00a0me hac\u00eda bajar la fiebre vaci\u00e1ndome una botella de alcohol que para aquellas \u00e9pocas ni afectaba las defensas ni era contraindicado.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00f3cimas de hierbasanta en ayunas, baba de gu\u00e1simo para el cabello, sopitas de ojo de vaca&nbsp;&nbsp;para la anemia, violeta de genciana para las \u00f1o\u00f1as de las rodillas y ba\u00f1itos de \u201cSanilix\u201d para los u\u00f1eros.<\/p>\n\n\n\n<p>Su partida, ya anunciada por los achaques de la diabetes, fue m\u00e1s fuerte de lo que mi coraz\u00f3n de nieta mayor, consentida y muy&nbsp;&nbsp;mimada, pod\u00eda resistir; mi abuelita materna era sabia, noble, fil\u00f3sofa, recursiva, pragm\u00e1tica, visionaria y hasta poetiza quiz\u00e1, due\u00f1a de un sentido com\u00fan de los que no vend\u00edan por onzas, ni a toneles ni a granel.&nbsp;&nbsp;Mi torrente de l\u00e1grimas lo vert\u00eda en mi pupitre para que mi madre no lo notara. La ilusi\u00f3n del pastillaje, v\u00edspera de mis 15 a\u00f1os, \u00a1se desmoron\u00f3!<\/p>\n\n\n\n<p>Fundaci\u00f3n era un pueblo pr\u00f3spero y promisorio, supremamente caluroso. Santandereanos, \u00e1rabes e italianos&nbsp;&nbsp;gobernaban el comercio y las noches sin luz eran iluminadas por unos cocuyitos o luci\u00e9rnagas de destellos verdes que no volv\u00ed a ver nunca m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Los deberes escolares los hac\u00eda a luz de una esperma, como as\u00ed se les llamaban a las velas, o de una linterna de mech\u00f3n que funcionaba con gas o petr\u00f3leo. Si la faena era un poco m\u00e1s dispendiosa o de matem\u00e1ticas y en hojas cuadriculadas, nos reun\u00edamos en la puerta del Banco Industrial Colombiano, que con su planta el\u00e9ctrica nos facilitaba la labor de los cuadernos que deb\u00edan forrarse en papel, protegerse con pl\u00e1stico transparente, rotularse debidamente y hacerles con precisi\u00f3n los m\u00e1rgenes y t\u00edtulos con l\u00e1piz rojo que, inmancablemente eran revisados. Sol\u00edamos corregir con un borrador de rayitas blancas con azul o con el caucho de un gotero de alg\u00fan medicamento, que coloc\u00e1bamos en la parte inferior del l\u00e1piz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ni recordar el choque tan fuerte que viv\u00ed cuando mi madre se radic\u00f3 en Medell\u00edn y salt\u00e9 de mi escuela de provincia al Colegio Colombo Brit\u00e1nico, un claustro gigante entre El Poblado y Envigado, tiendas de&nbsp;&nbsp;incandescentes&nbsp;&nbsp;y labradas&nbsp;&nbsp;l\u00e1mparas encandilaban el&nbsp;&nbsp;recorrido matutino. Recuerdo que la rectora y due\u00f1a era una inglesa largirucha, macilenta y malgeniada que nos hac\u00eda entonar cada ma\u00f1ana el &#8220;God Save The Queen&#8221;, \u00a1nojoda!,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>sin saber yo que en ese entonces, hac\u00eda honores y le rend\u00eda tributo a ese esperpento de vieja cruel, canalla, mierda y despiadada.<\/p>\n\n\n\n<p>Comiendo ca\u00f1andonga, sacando con piedras los coquitos del corozo, haciendo aretes con pepa de guama, comprando bolis hechos con agua sin hervir, atravesando en el Ferry, chupando ca\u00f1a de az\u00facar, ahuyentando mosquitos con una bomba de Kankil, bordando con la gu\u00eda de un tambor que templaba la tela, dibujando peregrinas sobre un tierrero, posando para que me fotografiaran&nbsp;&nbsp;montada en un caballito de madera, merendando con un paquete de galletas&nbsp;&nbsp;&#8220;Nacional&#8221;, tomando&nbsp;&nbsp;Curarina Rom\u00e1n como ant\u00eddoto, vistiendo la blusita que Lucy me mand\u00f3 a coser para que comiera mam\u00f3n sin manchar mis vestiditos, cargando mi mochilita escolar tejida a una sola aguja con pita currican y recit\u00e1ndole poemas a la tricolor que hac\u00eda torpemente con papel cometa, transcurrieron unos a\u00f1os venturosos y pl\u00e1cidos que seguramente ninguna criatura&nbsp;&nbsp;de ahora vivir\u00e1 jam\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Patricia Berdejo Ten\u00eda yo 14 a\u00f1os, cuando parti\u00f3 mi abuela Lucila. 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