Por: Yarime Lobo Baute
Artista/ Arquitecta/ Escritora
Vigia de Patrimonio
Mujer Cafam Cesar 2022
Hay seres que no transitan la vida de manera lineal, sino circular, envolviendo todo a su paso con una mística que solo el arte y la fe pueden explicar.
El 30 de enero, el calendario marcó no solo un número, sino la celebración de una esencia que nos nutre: el nacimiento de María Eloísa Araujo Morón.
Al pensar en ella, es imposible no sumergirse en la profundidad espiritual que emana de su nombre y de su propia historia.
María Eloísa no es una designación al azar. María, la madre universal, representa el canal de la vida y la entrega; Eloísa, “la elegida de Dios”. En ella, esta dualidad se manifiesta como una mujer que lidera con la firmeza del Colegio Nacional de Periodistas (CNP) Seccional Cesar, pero con la ternura de quien reconoce en el prójimo una extensión de lo divino. Su nacimiento en el grado 30 del primer mes del año nos habla de una tríada perfecta: comunicación, creación y comunidad. Es la energía del 3 que se expande, la que busca la verdad a través de la palabra y la armonía a través del servicio.
Hace exactamente un año, nuestras almas se citaron en un rincón mágico de Valledupar: Casa Barco. Bajo el ala fraterna de la Red Colsafa, nos permitimos el lujo de soltar las estructuras para encontrarnos en el caos sagrado del arte abstracto. Allí, entre pigmentos y texturas, nació una obra que hoy resuena más fuerte que nunca: “La Voz que se transforma en mujer”.
Ver a María Eloísa frente al lienzo fue presenciar una transmutación. Como periodista, ella es la guardiana de la palabra; pero en aquel taller, esa palabra se hizo pigmento, se hizo trazo instintivo, se hizo piel. La obra fue el resultado de entender que la voz no solo sale de la garganta, sino del centro del espíritu.
Fue ver cómo el liderazgo gremial se desnudaba de protocolos para vestirse de pinceladas libres, demostrando que para guiar a otros, primero hay que haber tenido la valentía de explorarse a uno mismo en el silencio del arte.
Esa experiencia en la Red Colsafa no fue solo un taller; fue un rito de paso. María Eloísa, como presidenta, como colega y como amiga, encarna esa “Voz” que mencionamos en el título de la obra. Es una voz que no solo informa, sino que transforma el entorno, que dignifica el oficio y que, sobre todo, eleva la condición femenina a una categoría de arte viviente.
Hoy celebro que ella siga siendo ese puente entre la realidad y la esperanza. Que su año nuevo personal sea un lienzo en blanco listo para recibir los colores más vibrantes de la salud y la alegría.
Gracias, María Eloísa, por permitirme ser testigo de tu metamorfosis constante y por ser, en cada paso, esa mujer que —como nuestra obra— transforma el sonido del mundo en la melodía de la trascendencia.
¡Feliz vida, Maestra de la palabra y del corazón!
