Crónicas Destinos

Por Patricia Berdejo, Comunicadora Social-Periodista

Primitivas formas de vida, vistas solo en documentales, en cavernas no tan míticas como las de Platón, pero cavernas al fin y al cabo, me inquietaron siempre, inconcebibles a mi parecer.
Refugios construidos o formados naturalmente por residuos de rocas, madera, ramas, bejucos; bohíos, chozas, iglús o cualquier albergue o guarida cimentados en algún material sabiamente aportado por las benevolencias de madre natura, no debía entrañar tanta perplejidad porque parte de mi infancia transcurrió en una provincia de las riberas del Magdalena donde tomada de la mano de mi abuela solía atravesar un improvisado y endeble puente de tablas que nos exigía una precisión casi de acróbatas.
¿Cómo podría yo observar con asombro a esas comunidades que nos enseñaba a mujeres de piel cobriza, tetas caídas, ojos oblicuos, niños desnudos y barrigones? parodiaría sin sentido el juego de la gallina ciega al ocultar mis genuinos ancestros. Negros, indios, mulatos, zambos, mestizos, culisungos, palenqueros; dueños además de una sabia intuición, dejaron enclavada en mi memoria sus magistrales pócimas y brevajes de hierbasanta y otros bebedizos y afrechos obligados a veces en ayunas, el infalible antídoto: “la curarina”. Tediosas y hostiles jornadas de trenzas y gajos embadurnada de “manteca negra”, inocultables manchones de “violeta de genciana”, inmancables baños de “matarratón” estrujao cuando nos acosaba la varicela, el salpullido o la sabrosita. Insólitos contrastes de las cataplasmas, menjurges de antaño con los avances que supe paladear en otrora: botas ortopédicas para enmendar mi notorio rodillijuntipatiapartao, la muñeca de blondos cabellos que a punta de pilas eveready: “las del gato” nos maravillaba vociferando; la magia de los binoculares, la cámara polaroid capaz de revelarnos fotos al instante, los viajes a Barranquilla atravesando en ferry para las vacunas, y la añorada bicicleta cachona o monareta, esa que a los pocos días de estrenar me robaron; y pese a mi llanto inconsolable y mis súplicas jamás me repusieron.
En ires y venires, desafiando carreteras destapadas e improvisados puentes militares, atravesábamos del Magdalena al Atlántico percibiendo en el recorrido un olor salobre que se fusionaba con la fetidez de las aves que yacían a orillas de la Ciénaga. Eran rutinarios también los paseos de ollas y hamacas a las acequias y ríos; algunos controlados por compuertas, que, impolutos y diáfanos descendían de las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, ríos de piedras, ríos cristalinos, ríos de arena blanca, ríos de bajo caudal, rios de aguas frías, ríos de rayas y de babillas.


Añoranzas, evocaciones y reminiscencias que el tiempo convierte en irrepetibles y singulares vivencias.

En cualquier mes de 1985, el destino me arrastró con un grupo de cuasi-colegas, en una lancha con motor fuera de borda a un recóndito lugar donde nuestra imaginación jamás hizo presagios, levamos anclas timoneados por un amigo hacendado, desde una de sus fincas, por las orillas de un río llano y pantanoso. Asombrados, cruzábamos miradas que vislumbraban complacencia y temor a la vez, por la velocidad con que se desplazaba nuestra pequeña embarcación. Infinitas colonias de alcatraces en picada, devorando peces; para ofrecernos un espectáculo colorido y sinigual. Trémulos y sobresaltados ante la expectativa que nos causaba la majestuosidad de la Ciénaga Grande divisamos una panorámica que nos deslumbró por su inusual encanto, pintorescas casitas acapararon nuestra vista y un sinnúmero de canoas que iban y venían de una vivienda a otra, nos dejó atónitos, maravillados.
Un descolorido letrero nos daba la bienvenida a “Nueva Venecia”. Era inimaginable asimilar viviendas construidas sobre el agua, que fluye, que paradojicamente parece que no corriera, como si estuviera estancada. Modestas chozas levantadas con estacas, sedimentos marinos, manglares, bambú, troncos, piedras, raíces, palmas; fascinantes aún con sus visos muy perceptibles de austeridad.
Contemplar a Nueva Venecia se convierte en una cautivante aventura que a su vez nos sumerge en un entorno muy rudo de visible escasez y notorias vicisitudes, es como vivir la vida en el aire y no en el agua. Los rostros de pescadores, mujeres y niños, percudidos por el sol y la dureza de la supervivencia se notan apacibles unos, otros con un gesto adusto y algunos con una expresión lacia y vacía. Niños ataviados con raídas ropas, juegan, reman, ríen, ayudan en las faenas, pero en su mirada esconden algo indescifrable quizá.
Cuando la naturaleza les juega limpio, la pesca se convierte en su patrimonio absoluto, material y tangible; ocasionalmente se trasladan a otras veredas para dedicarse a la siembra y al cultivo. En estas chozas elevadas, -por así llamarlas- , la tierra cobra firmeza sin uno saber cómo, ni por qué. Las matas de guineo afloran con sus racimos, al igual que los arbustos de coral rojo, su flor por tradición pulula en los cementerios de provincia. Preservo un fugaz y vago recuerdo de la iglesia que destacaba un campanario viejo, oxidado y visiblemente insonoro.

Allí pasamos un día de esos que la existencia no nos vuelve a brindar jamás.

Los pescadores, los lancheros y los pobres, aquellos que en realidad se veían más pobres que nosotros, se esmeraban en prodigarnos atenciones que ciertamente no ameritábamos.
Cuando enfocaba la mirada en aquellos chicos marginados y de rucias cabelleras que no conocían la luz eléctrica, supuse que de allí se fugarían cerebros bien dotados, nacidos en aquel paraje donde las inclemencias del tiempo no les prodigaban un techo seguro sino una ciénaga de incertidumbres. Matemáticos sin logaritmos ni ecuaciones, físicos sin movimiento ni energía, factibles juristas, anónimos literatos, gimnastas sin entrenadores, poetas innatos, payasos sin carpas ni circos, arquitectos sin maquetas, músicos sin guitarras ni violines, voces sin ecos ni aplausos, maestros sin libros ni escuelas, labriegos sin tierras, ebanistas sin madera, astrónomos sin firmamentos ni estrellas, científicos sin pipetas ni laboratorios, pintores sin lienzo ni pincel, modelos sin diseñadores ni vestidos y quizá hasta altruistas y filántropos de corazón; áridos de lotes y terrenos a donde cultivar la magnitud y la grandeza que surge de los recovecos de sus nobles entrañas.
Cuando preguntamos por el baño nos señalaron una puerta corroida que no rebasaba más de un metro de altura, por cerradura tenía un clavo doblado; un armazón de madera que simulaba una letrina con un fondo acuícola desde donde saltaban peces capaces de saltar y asaltar nuestras partes nobles. Nuestro siempre recordado amigo y artífice por demás de esta travesía, se armó de su escopeta y disparando a los indefensos vertebrados hizo posible nuestro acceso al improvisado retrete.
Descubriendo palafitos a lo largo de la historia encontramos algunos de sus orígenes en Chile a mediados del siglo XIX exactamente en un lugar llamado Chiloé, que azotados por terremotos y maremotos, según datos recopilados, prevalece como patrimonio vivo e ícono arquitectónico y concurrido por visitantes de todas las naciones. Palafitos también hay en Hong Kong, en los Alpes Suizos y en muchos otros lugares, que se constituyen en excelentes fuentes arqueológicas para el estudio de asentamientos prehistóricos. Estos, nuestros peculiares palafitos de la Ciénaga Grande del Magdalena, no tan insólitos como los enunciados, han trascendido fronteras, no por el diseño de sus estructuras sino por la barbarie de un grupo de paramilitares que en un proceder irracional, esquizofrénico y malsano, convirtió las aguas de Nueva Venecia y sus alrededores en ríos de sangre, asesinando sin discriminación a casi un centenar de incautos pobladores en una incursión absurda, armada y desalmada en la desacertada búsqueda de una célula del ELN que supuestamente se asentaba allí. Unos a uno fueron levantados de su lecho, los amordazaron cobardemente y los llevaron a aquella iglesia que divisamos a nuestra llegada, para aniquilarlos a mansalva y sin titubeos; muy seguros de que ese vulnerable templo levantado austeramente sobre las aguas de la hoy tinturada Ciénaga Grande, se convertiría en el testigo mudo de una de las más truculentas masacres que Colombia recuerde jamás.

Arte y cultura Crónicas

Por: Hermes Francisco Daza

Félix Rafael Carrillo Hinojosa nació un tres de Mayo de 1959 en Barrancas-La Guajira, en el hogar de Juanita Mercedes Hinojosa Rubio y Rafael Antonio Carrillo Brito.
Sus primeras letras se la enseñó su señora madre, que fueron ampliadas en la escuela que ella impulsó en la serranía del Perijá. De allí bajó al pueblo de Codazzi, donde terminó la primaria en el colegio Agustín Codazzi del profesor Enaldo Contreras Zuleta. Cursó el primero de bachillerato en el Colegio Nacional Agustín Codazzi, en 1973 se traslada a Valledupar, donde estudió segundo y tercero de bachillerato en el colegio Gimnasio del Cesar del profesor Mario Cotes. Terminó el bachillerato en el Colegio Nacional Loperena, siendo rector Antonio Serrano Zúñiga.

Precursor de las glosas vallenatas

Al llegar a finales de la década del 70 a Bogotá, decidió estudiar Periodismo en Inpahu y luego, terminó Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Central.
Su afición por escribir se percibe a partir de 1974, cuando produjo el cuento “Un pedazo de acordeón” en homenaje al acordeonero Francisco Moscote Guerra. En el mismo año creó la sigla FERCAHINO, con la que firmó más de 210 glosas en trabajos discográficos de la música vallenata.
Desde Bogotá llegó una delegación de la disquera CBS, encabezada por Gabriel Muñoz, Santander Díaz y Alberto Suárez López, para el Festival de la Leyenda Vallenata en 1977. Félix Aprovechó la presencia de dichos ejecutivos y le habló a Gabriel Muñoz de sus intenciones de escribir sobre los artistas de la música vallenata, quien de inmediato se interesó por sus escritos y le hizo publicar una nota sobre Diomedes Díaz y Elberto “El Debe” López, a manera de Boletín de Prensa. Desde esa fecha hasta la presente, su nombre cuenta con pleno reconocimiento en este género musical. De la mano del recordado e inolvidable Guillermo Cano Isaza, hizo durante una década, a partir de los años 80, toda una labor periodística en el periódico El Espectador, que benefició a la música Vallenata y ratificó su aporte a esta cultura folclórica. Seguido a dicha actividad, se vincula a la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia -SAYCO-, donde fue Jefe de Prensa, delegado de los autores y compositores en más de 22 asambleas y directivo de la misma.

Activista del gremio


Su actividad gremial fue decisiva, para que los creadores de la música Vallenata se vincularan a SAYCO y ACINPRO. Con el apoyo de Enrique Santos Calderón, periodista amigo de la causa vallenata y alto directivo de El Tiempo, le brindó la oportunidad de escribir por más de 15 años en este diario, mientras que igualmente lo hacía en la revista Elenco y Señoras y Señores de la programadora Jorge Barón Televisión, donde hacia las secciones “Nota Musical” y “Compositores Colombianos”.
En la década del 90 se vincula a El Nuevo Siglo, medio escrito donde continúa con la defensa de la actividad de los autores y compositores colombianos, al tiempo que colaboraba en la revista Viernes Cultural, medio de divulgación de SAYCO, y la publicación oficial del Festival de la Leyenda Vallenata.
Durante dos años fue director de los espacios “Colombia y su música y El Vallenato y sus personajes” en Todelar. También fue comentarista de Radio Uno- RCN, Olímpica Stéreo, la Radiodifusora Nacional de Colombia, Señal Colombia, diario El Norte y Telecaribe. Actualmente continúa su labor y colabora con varios medios, entre ellos: Laboratorio Cultural, un periódico virtual de gran trascendencia. Diseñador y realizador de carátulas y textos, para las más importantes casas disqueras del país, entre ellas: CBS, Sony Music, Codiscos, Fuentes, MTM, Philips y Cañahuate Music Entertainment.


Jurado y Compositor

Félix ha oficiado como jurado del Festival de la Leyenda Vallenata, en los años 1978,1979, 1980,1981 y 2005 de las categorías Profesional, Aficionado, Juvenil, Infantil, Piquería y Canción Inédita. De igual manera, ha calificado concursos en El Festival Cuna de Acordeones-(Villanueva), Festival Nacional de Compositores (San Juan del Cesar), Festival Bolivarense del Acordeón (Arjona – Bolívar), Festival Sabanero del Acordeón (Sincelejo), Festival del Magdalena Medio (Barrancabermeja), Festival de la Flor Vallenata (Madrid – Cundinamarca), Festival Vallenato (Nobsa – Boyacá), Bogotá Vallenata (Bogotá D.C.), Festival del Retorno (Fonseca – La Guajira).
Conferencista sobre el tema Vallenato en la Universidad Nacional de Colombia, Banco de la República, Universidad Central, Escuela Superior Inpahu y Universidad Cooperativa de Colombia.
Finalista como compositor en el Festival de la Leyenda Vallenata, en los años 1978, 1979, 1980 y 1981 con las canciones “Adiós Infancia”, “Recuerdos Infantiles”, “Mi Terruño”(Cantares de mi Terruño) “Yo Soy” (Vivencias) y ” Campesina de mi Pueblo”, que ocupo tercer puesto, respectivamente. Ganador en 1999 del Festival de la Leyenda Vallenata con el Son “Mi Pobre Acordeón”, donde estuvo acompañado por el Acordeonero Alberto “Beto” Jamaica.
Sus canciones han sido grabadas por artistas reconocidos como Diomedes Díaz, Alberto “Beto” Zabaleta, Alfonso “Poncho” Zuleta, Jorge Oñate, Alfredo Gutiérrez, El Doble Poder, Los Pechichones, Carlos Narváez, El Furor Guajiro, Pablo Atuesta, Rodolfo Badel, Inain Castañeda, Jairo Serrano y Felipe Paternina, Romualdo Brito, Iván Ovalle, Miguel Cabrera y Juan Mario de la Espriella.


Escritor e investigador

El Grupo Editorial “Iguaraya” publicará sus obras “Voces Vallenatas”, cuyo prólogo fue escrito por Manuel Zapata Olivella. Es un trabajo de semiótica, sobre la labor que el autor y compositor vallenato ha producido en los diversos tiempos que ha vivido esta música, de tantos reconocimientos en Colombia y países hermanos; y “Un Grammy a lo vallenato”, obra que recoge todo el proceso vivido por el periodista y compositor para lograr que este folclor musical obtuviera una categoría dentro de los Premios Grammy Latino.
Tiene las siguientes obras inéditas : “El Vallenato : Un correo musical”, “El Cesar y sus compositores”, “Musas vallenatas”, “Escalona visto por mí” ,”La Guajira y sus compositores”, “Compositores colombianos”, “Fredy Molina Daza: Un nadaísta vallenato”, “El Cuento de un soñador” -Cuentos-, “Recuerdos infantiles”- Poemario-, “Los Zuleta: Una Dinastía Vallenata”, “Diomedes Díaz Maestre: Más allá del ídolo”, “Iconografía Vallenata”, “Jorge Oñate: Vida y obra de un cantor”.
Félix Rafael Carrillo Hinojosa es miembro de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia- SAYCO- y la Academia Latina de la Grabación – LARAS-, creadora y organizadora de los Premios Grammy Latinos de la Música en Estados Unidos. Creador del Premio “Colombianísimo” que será publicado en el semanario Nota Musical en el primer semestre del 2023, de la revista Vallenateando y la sección El Vallenato y sus personajes, que, a través de crónicas, reportajes, comentarios discográficos y listado de las canciones y grupos vallenatos más destacados, recrea el mundo musical de la gran Provincia de Padilla.

Crónicas Destinos


 
Por: Hermes Francisco Daza

Esta hermosa población de La Peña se encuentra situada en una extensa sabana localizada al occidente de la cabecera municipal de San Juan del Cesar, sur de La Guajira y limita al norte con La Sierrita, al sur con la Sierra Nevada de Santa Marta, al occidente con el corregimiento de La Junta y al oriente con San Juan del Cesar a 14 Km. pavimentado del centro urbano.
Esta es una de las tierras más connotadas no solo del municipio de San Juan del Cesar, sino también del departamento de La Guajira, ya que de sus entrañas se originó el apellido Lacouture, que se encuentra difundido por toda Colombia, producto de la unión matrimonial de doña Asunción Acosta Maestre, nacida en La Peña, con don Hugues Lacouture Cevene, nacido en la ciudad de Burdeos, Francia.

Esta prestigiosa familia sentó su residencia en este pueblo al lado de una enorme mole de piedra de donde se cree que de allí se deriva el nombre de “La Peña” hoy día conocida como “La piedra de la casa vieja”. De esta unión matrimonial nacieron ocho hijos: Erasmo de los Dolores, Coralía, Juan Félix, Carlos Antonio, Alejandrina, Gregorio y Jorge Beltrán Lacouture Acosta. 
Los descendientes de este matrimonio dieron un buen ejemplo del trabajo, impulsando la ganadería en la región, sobre todo con el liderazgo de Don Erasmo Lacouture Acosta; Don Hugues falleció en esta población el 18 de Abril de 1876 y sus cenizas reposan en el cementerio central de San Juan del Cesar; algunos comentaristas atribuyen la fundación del corregimiento de La Peña a Don Hugues Lacouture Cevene, pero fue Don Miguel Jerónimo Daza Maestre quien primero decide posesionarse en este lugar a finales de la centuria que se inicia en el 1.700 al contraer matrimonio en primera instancia con doña María Jacinta Daza.
Sin embargo, quienes desarrollaron el pueblo fueron los Lacouture con el establecimiento de grandes hatos de ganado vacuno, caballar, asnal y la cría de innumerables ovinos y caprinos.

“La Peña, dulce como el corazón de la patilla”

En el presente siglo XXI, el corregimiento de La Peña se encuentra en su estructura organizacional formando calles y carreras, con 4 gigantescas plazoletas que le dan atracción turística a los visitantes, dotado de algunos servicios públicos como acueducto, alcantarillado, luz eléctrica, centro de salud y educación básica primaria. No obstante, las nuevas familias de la localidad se han preocupado por la educación de sus hijos, resaltándose una serie de profesionales de la Medicina, como el doctor Dandy José Mendoza Cuello, especialista en Otorrinolaringología, los médicos Harol Mendoza Cuello, Emilia Sofía Mendoza, entre otros.

Otros se formaron como periodistas: Luis Mendoza Sierra, Noralma Peralta Mendoza, Carlos Cataño lguarán, también como eminentes abogados, entre ellos, Enrique Cataño lguarán, esto sin mencionar a un sinnúmero de profesionales en la rama de la educación.

La Peña deriva su principal fuente económica de la cría de ganado ovino, bovino y caprino, de igual manera de la agricultura de pancoger, donde se siembran cultivos como patilla, maíz, fique, yuca, melón. Sus principales sitios de interés son el Parque Forestal, el paradero turístico El Salto, la Piedra de los Platos, la Piedra de la Casa Vieja, el Cerro de la Teta, el Pico del viejo Diego, el Cerro de las Palomas y para los atardeceres, la resplandeciente Sierra Nevada de gran atracción.
Hace 35 años se viene realizando el tradicional Festival Ecológico y Cultural de la Patilla, creación del especialista en pedagogía de la Recreación Ambiental, el profesor Juan Carlos Moscote Mendoza.
Fue él quien ideó estas festividades para resaltar la laboriosidad de los agricultores de la región y atraer a propios y visitantes en el desarrollo de este evento que cobra mayor relevancia anualmente a finales del mes de Junio.
Este festival cuenta con concursos como el de la mejor patilla, comilón de patilla, mejor obra artesanal, canción inédita vallenata, piqueria, carreras a caballo, encuentro deportivos, y artesanales.

Crónicas

Alfredo Antonio Merlano logró cumplir su sueño de convertirse en abogado y aunque para muchos podría ser un poco tarde, para él llegó en el momento justo, en su etapa dorada. A sus 74 años recibió el título por parte de la Corporación Universitaria Antonio José de Sucre, lo que le valió el reconocimiento de directivas, docentes y compañeros de estudios, ya que por su buen rendimiento se ganó media beca y se graduó con honores. Don Alfredo nació en Chalán, Sucre, donde pasó una infancia llena de carencias afectivas, al ser abandonado por su madre, fue criado junto a sus dos hermanos por su tía Erlinda, que les brindó apoyo, pero Alfredo, quien sufrió tempranamente la muerte de su hermana, era muy travieso y a sus 12 años se fue a vivir con el cura Merlano. Don Alfredo se dejó llevar por la pasión de los años juveniles y se fue del lado de su custodio cuando a sus 17 se convirtió en padre por primera vez. Pasado un tiempo, por algunos inconvenientes salió de Chalán junto a su hermano Héctor Merlano Pérez, que decidió radicarse en Valencia de Jesús, corregimiento de Valledupar, mientras don Alfredo se quedó en San Diego, donde fue nombrado inspector de Policía. En ese municipio conoce al amor de su vida, Jardelina Murgas Arzuaga, con quien se casó y conformó un hogar con cuatro hijos: Martha, Mariegna,  Alfredo y Virginia Merlano Murgas; sin embargo, una vez más, su carácter fuerte lo obligó a salir de San Diego y residenciarse en Antioquia, primero en El Bagre y luego llegó a Arbolete, donde nació su hija Sandy Merlano Caballero.
La vida no ha sido fácil para este hombre que después de un tiempo salió de Arbolete para radicarse en Sincelejo, decide sanar su corazón herido en su infancia, reconciliarse con su mamá y visitar de nuevo a sus 15 hermanos.

Para ganarse la vida trabajó con volquetas, logró comprar su apartamento, pero amante de los negocios, vendió lo que tenía y se convirtió en prestamista, oficio en el que actualmente se desempeña .

Deseoso de salir adelante y demostrar que aún podía estudiar, don Alfredo tomó la decisión de terminar primaria y secundaria por ciclos.

Ya en sus años dorados y motivado por sus compañeros de colegio, comenzó a sentir el “bichito” de ser abogado, sueño que tenía guardado en su corazón, se propuso estudiar aunque no fue fácil, tuvo que sortear la educación virtual en pandemia, pero salió airoso, con excelentes notas. Sus compañeros destacan su jovialidad, sus ganas de salir adelante, su fluidez verbal,  su elocuencia y sabiduría, lo que lo llevó a ser escogido para representar a los graduandos con un discurso el día de la ceremonia de grado.

Don Alfredo confiesa que haber cumplido esta meta lo mantiene más activo, “Me siento con más energía, la vida me enseñó a sanar  y curar heridas a través del tiempo, se me han ido los resentimientos de infancia, me siento satisfecho de haber cumplido un sueño y servir de ejemplo a muchos jóvenes y adultos porque nunca es tarde mientras haya vida y salud, todo lo llevamos en la mente que es la que domina el cuerpo, junto con la voluntad, con ello  podemos lograr las metas ”, le contó a su hija María Virginia Merlano, quien se siente orgullosa de su padre.

“Esto ha sido un sueño luchado, admiro lo que hizo mi papá a su edad, es un ejemplo para muchos jóvenes que no quieren estudiar ni prepararse para un futuro, otros que tienen la oportunidad y no la aprovechan, él se obsesionó con el estudio, se fijó una meta, mis hermanos y yo lo animábamos cuando a veces sentía que ya no iba a poder y eso lo motivaba a seguir adelante”, nos contó su hija.

A pesar de sus años, don Alfredo goza de buena salud, buen estado físico, le gusta vestirse bien, sigue coqueto como en sus años mozos, su hija dice que se pinta las canas para no verse mayor, mantiene su buen humor aunque a veces se le sale el carácter fuerte, vive solo y ha aprendido a prepararse su desayuno, almuerza en un restaurante y cena temprano con algo ligero. Asegura que sus sueños no terminan allí, don Alfredo sigue proyectándose y sus deseos son seguir una especialización para poner al servicio sus conocimientos y hacer su aporte a la sociedad porque afirma que aún le quedan muchos años por vivir.

Arte y cultura Crónicas


Por Hermes Francisco Daza

San Juan del Cesar es quizás uno de los pueblos de La Guajira y del país al que más se le ha cantado y por algo es patria de tantos compositores y cantores.
Allí se cultivan con acendrada autenticidad sólidas dinastías que le han entregado al vallenato páginas musicales de verdadera valía. El listado es largo, pero Isaac ‘Tijito’ Carrillo Vega, en su época junto a compositores como Rafael Ramón Romero, Jaime Celedón y Antonio Fuentes ‘Pijonan’ entre otros, abrieron el camino de la inspiración.
De ‘Tijito’ el pueblo sanjuanero supo de su verbo insidioso a través de su primera canción ‘El monarca’ (1965), donde expresa una desilusión amorosa por culpa de varios factores que lo obligó a escudarse en un matrimonio forzoso para olvidarlo.

“Como es posible que este mundo
viva la gente en contra de Dios,
el dispuso que entre tú y yo
Solo existiera un amor profundo.
Pero la gente se opuso en todo
mira que mala es la humanidad
me paso el tiempo pensando solo
el sufrimiento me va a matá.
Soy el monarca de tu sentimiento
tus ojos son la luz de mi vida
por eso siento cuando me miras
que se apacigua mi sufrimiento.”

Su vida

Nació en San Juan del Cesar, Sur de La Guajira, el 13 de junio de 1937 a las 12 del día, en la tradicional calle de ‘El embudo’, conocida hoy como la avenida Manuel Antonio Dávila, más exactamente frente de donde hoy está la sede del Club de Leones.
Hijo de Víctor Guillermo Carrillo y Ana Basilia Vega de Carrillo; el mayor de siete hermanos. Siendo el primer nieto de la vieja Nicasia Vega ‘Mama vieja’ y el primer sobrino de Senovia Vega; era muy consentido por todos y por ser tan pequeñito, en medio de tanto consentimiento comienzan a llamarle ‘Tijito’. De ahí este apodo le quedó de por vida.
Su niñez la vivió en su tierra natal como todos los muchachos de su época, ayudando a sus padres en los quehaceres domésticos como coger agua en el rio Cesar y traerla en burro, cortar leña y vender arepa y dulces. Poco fueron sus estudios, pudiendo decir que prácticamente es autodidacta.
A los trece años ya hacia versos sueltos e improvisaba sin mucha rima, pero con entusiasmo prometedor. Por eso desde muy joven inició sus composiciones, cuando en su época se sacaban los famosos disfraces de carnaval; mezclando sus labores diarias con lo que componía. Todo el tiempo se le escuchaba tararear alguna melodía.
En la época de su juventud fue ayudante de albañilería de su padre, después coime de un billar, luego ayudante de un carro tipo chiva o mixto en donde aprendió a conducir el mismo vehículo que tenia la ruta a La Vega, Corral de Piedras, El Totumo, Los Cardones, Platanal, Guayabal y El Limoncito.
En los viajes que hacía para la región antes mencionada, desarrollando su recorrido, le llegó su verdadera inspiración para componer música vallenata; que fue heredada de sus ancestros debido a que su abuelo materno, José Brito Tirado fue el mejor decimero de su época y el paterno, Manuelito Carrillo fue excelente poeta de la tradición oral.
Desde muy joven ha sido gran enamorador tanto de la vida como de las mujeres y lo demuestra en una frase de sus canciones: “la mujer es lo más bello que camina sobre la tierra, es por eso que ‘Tijito’ no deja de majería”. En este el tema básico para sus composiciones, teniendo cada una de ellas su inspiración. La mayoría de sus canciones tiene siempre pintado el amor de alguna mujer.
Un día cualquiera recogiendo pasajeros para su viaje de rutina aborda el vehículo conducido por ‘Tijito’, el acordeonero Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza Daza, quien viajaba para Los Cardones, con el fin de visitar a su hermano Andrés Mendoza; allí hacen una parranda donde ‘Colacho’ tocaba el acordeón, ‘Tijito’ le manifiesta que él tiene unas composiciones y por petición fueron interpretadas en esa parranda recibiendo la calificación de muy buenas por los asistentes; de ahí comenzó una muy buena amistad que se consolida para tocar ocasionalmente.

Posteriormente se hizo chofer de un bus bautizado como ‘La golondrina’ y afiliado a la empresa Cootransbolivar que viajaba entre San Juan del Cesar y Valledupar. Al dueño del bus no le gustaba el nombre del mismo, debido a que era una época donde la gente reconocía a los carros no por las empresas a las que pertenecían si no que los personalizaban con un nombre que le diera distinción. Fue entonces cuando ‘Tijito’ le surgió con el que recorrería, victorioso y veloz los polvorientos caminos del Valle de Upar: ‘El monarca’.
Pero este nombre no solo representaría su trabajo y a uno de los pocos buses que cubrían las rutas en esa década, sino que también se convertiría en el titulo de su primera composición formal. Luego compone ‘El desterrado, ‘La guayabalera’ y ‘De hinojo’. Estas canciones duraron largo tiempo guardadas.
Por esos caminos rurales de San Juan del Cesar encontró su primera instancia sentimental, justamente en Guayabal, donde conoce a Ligia Antonia Vega Daza ‘La Guayabalera’, con quien contrae matrimonio por un tiempo y se va a trabajar a Venezuela. En la década de los sesenta regresa, se encuentra de nuevo con ‘Colacho’, este lo invita a vivir en Valledupar y se radica en esa ciudad el 25 de Junio de 1965 conformando un conjunto donde hacen sus primeras grabaciones, ‘Tijito’ como compositor y cantante y ‘Colacho’ como acordeonero.
Fue entonces en Valledupar donde vinieron las parrandas, los tragos, las casetas y de la mano las mujeres que se convirtieron en nuevos amores y de sus motivos para componer. Nuevas canciones brotaron en ese renovado ambiente, entre las cuales se destacan: ‘A lo tuyo tu’, ‘Adelina’, ‘Diez de enero’ y ‘Muchachita querida’.
“Tijito”, tiene diez hijos repartidos en seis mujeres. Además, fue reconocido por sus padres como buen hijo, por sus familiares es considerado como buen hermano, cordial, un pariente agradable y excelente amigo; sin olvidar que es un padre ejemplar.
Sin lugar a dudas Isaac Carrillo ‘Tijito’, se convirtió en el primer compositor de música vallenata de su querido San Juan del Cesar, siendo este pueblo la cuna de los compositores de la música vallenata. Además, fue el primero de su pueblo en grabar este género musical.


Reconocimientos

Por su trayectoria artística en la música vallenata, son muchos los reconocimientos, entre los más importantes se destacan: Mención de honor, Villa de San Juan Bautista del Cesar (Máximo Reconocimiento Municipal) 24 de Junio de 1986, Certificado de SAYCO como autor, Noviembre de 1991, Mención Honorífica, XVI Festival de Compositores de Música Vallenata, Diciembre de 1992, Mención de honor, Fundación Pro-fiestas Barrio “El Norte”, Junio de 1993, Placa de Reconocimiento en Homenaje a Colacho e Isaac en la XIX Edición del Festival Nacional de Compositores de Música Vallenata, Diciembre de 1995, Reconocimiento: “Dos Generaciones del Canto y la Composición” en la XXVII versión del Festival Nacional de Compositores de Música Vallenata, Diciembre de 2003, Mención de Honor, Institución Educativa José Eduardo Guerra, Abril de 2004, reconocimiento, SAYCO, Octubre de 2005, Distinción, Grupo Pro-Conformación del ‘Anecdotario Sanjuanero’, Enero 7 de 2006, Publicación Cantores Vallenatos y una Identidad” por Abel Medina Sierra, Publicación “Colombia una Nota” por el Espectador, RCN y Sonolux. Afiche de colección los máximos artistas del folclor vallenato. Recientemente recibió la Tarjeta Profesional como Compositor e Intérprete,  a través del Ministerio de Educación Nacional, en la ciudad de Bogotá.
De los anteriores reconocimientos ‘Tijito’, considera que el mejor ha sido el que le ha dado el pueblo en general, al identificarse con sus canciones, pero su mayor satisfacción es compartir escenarios o una buena parranda con sus colegas.
Ahora encontramos a un ‘Tijito’ orgulloso de sus hijos, que guarda la silvestre savia cantoral de su pueblo, plena de vitalismo, auténticamente nuestra.
Así mientras espera la senectud, vive ‘Tijito’, defendiendo su canto, sus versos desde su pueblo, que lo admira y festeja cada uno de sus bellos cantos que son la esencia misma de su grata vida donde se ha ganado el título de ‘El Monarca’.

Crónicas Deportes

Por: Lida Mendoza Orozco


Desde niño, Lucas Puerto Vargas conoció la bicicleta y desde entonces nunca ha querido apartarse de ella. En su infancia corría presuroso en su caballito de acero para ayudar a su mamá a repartir productos que ella vendía o para pasear por el barrio. Al crecer se despertó toda su pasión y a los 18 años decidió comprar su propia bici “mountain bike”, diseñada para viajes por la montaña o el campo y dedicó muchas horas de su tiempo a practicar ese deporte en el cerro del Eccehomo en Valledupar, su ciudad natal.

Lucas es hijo del reconocido fotógrafo Edgar Puerto y Catalina Vargas, quienes siempre lo motivaron y apoyaron a seguir practicando ese deporte mientras el joven se iba enamorando cada día más de su bicicleta.
Hoy, a sus 22 años, Lucas vive en Medellín y fue allí “donde se le metió la locura” de hacer una travesía desde esa ciudad hasta llegar a Valledupar, recorriendo 750 kilómetros en tres días subido en su bici, su eterna compañera de aventuras.
Para lograr semejante hazaña, se preparó físicamente, practicaba todos los días en las montañas antioqueñas y en las vías de la ciudad, sin dejar de lado la parte sicológica, “sin una buena actitud y sin ganas de hacerlo, hubiese sido imposible lograrlo”, dijo el joven, mientras aseguró que fueron tres días muy duros pero, finalmente con mucho sacrificio, hizo realidad su sueño.
Aún con el corazón latiendo a millón por la emoción, Lucas recuerda el recorrido en las carreteras donde se tuvo que enfrentar al inclemente sol y a horas de cielo nublado, al flujo masivo de tractomulas, a vehículos que transitaban a alta velocidad, a resaltos viales y a daños en su bicicleta, sin embargo, pudieron más sus ganas de llegar a la meta y abrazar a su familia.

En medio de una amplia y fresca sonrisa con las huellas del sol marcando su rostro, nos contó que para el primer día de recorrido decidió prepararse unas barras de arroz con proteínas para suplir las calorías que su cuerpo perdería en esa primera etapa de 300 kilómetros, tampoco le faltó la hidratación, reconoce que se alimentò bien con buenas proteínas en los almuerzos y opíparas cenas. ( ríe a carcajadas).
La grata experiencia le sirvió para conocer parte del país, con amor de patria y el corazón henchido, destaca los hermosos paisajes que tuvo la oportunidad de disfrutar, las montañas, las extensas llanuras verdes, los amaneceres y atardeceres espectaculares, las excelentes vías del Cesar y Antioquia donde pudo encontrarse con conductores cultos que respetan a los ciclistas, quienes amablemente le abrían paso en la vía cuando se lo encontraban.

La llegada fue verdaderamente emocionante, sus padres se trasladaron al municipio de Codazzi a encontrarse con él, se fundieron en un abrazo, lloraron juntos, hubo momentos en los que quiso subirse al carro para viajar con ellos pero su recorrido debía continuarlo en bicicleta hasta Valledupar y seguido por sus padres que viajaban en el “ Lirio Rojo”, su vehículo particular, el joven se dio más ánimo para su última embalada y finalmente lo logró.
Más tranquila, luego de que su hijo cumpliera la hazaña, doña Catalina, su mamá nos contó que al principio, el proyecto le pareció una locura y se negaba a creer que su hijo estuviese pensando en hacer ese viaje. Le angustiaba lo que pudiese ocurrirle en las vías, los accidentes, la inseguridad, pero cuando se dio cuenta que lo de Lucas iba en serio, decidió encomendárselo a Dios y orar junto a su familia y sus amigos para que todo llegara a feliz término. Por eso cuando cruzaron la meta en la capital del Cesar, dio gracias al Creador mientras se mezclaban sus lágrimas con la emoción de abrazar a su hijo. Entre tanto,su papá, el fotógrafo Edgar Puerto, destaca la valentía de su hijo y lleno de orgullo, expresó que su muchacho está para grandes cosas a nivel nacional e internacional.
Lucas asegura que le gustaría seguir pedaleando hasta viejito, más que compitiendo, disfrutando de su bicicleta, “Quiero llamar la atención de las personas sedentarias, que practiquen el ciclismo, la bicicleta salva y ayuda en la vida de las personas porque da estabilidad física y emocional”, asegura este joven que no descarta su participación en carreras nacionales representando al departamento del Cesar y por qué no, llegar a las importantes carreras ciclísticas que tanto disfruta en televisión, como el Tour de Francia, el Giro de Italia o la Vuelta a España.
La travesía sirvió como una forma de prepararse para una carrera recreativa-competitiva, “ Fondo de la Leyenda Vallenata”, que tendrá lugar este domingo en la vía al municipio de Pueblo Bello, en la que Lucas pretende demostrase a sí mismo que tiene “las agallas” para “volar” y conquistar el mundo en su caballito de acero.

Arte y cultura Crónicas

Por: Pedro Norberto Araujo Castro

Ondas de Macondo había anunciado semanas antes la llegada del Presidente Carlos Lleras Restrepo con ocasión de darle figura política y administrativa al naciente departamento del Cesar, presidir el acto de posesión y tomar el juramento del primer gobernador de los cesarenses, Alfonso López Michelsen.
El alboroto y entusiasmo de la gente de toda la comarca era visible, seguramente arribarían a Valledupar copiosas comitivas procedentes de todos los rincones del Cesar y del vecino departamento de La Guajira.
Miguel Canales había amanecido en la finca la Montaña en compañía de su hermano Teobaldo, antes de las cinco de la mañana ya habían ordeñado las 60 vacas del corral y ya estaban listos para partir hacia Robles.
Al llegar a La Paz, deciden reposar las bestías debajo de un frondoso árbol de Higuito ubicado frente a la residencia de Juan José Arzuaga, suegro del maestro Rafael Escalona Martínez, quien impaciente esperaba a sus amigos para continuar su marcha hacia la nueva capital del Cesar.
Escalona le sugirió a su compadre Miguel, que antes pasaran por donde María Matilde, su esposa a cambiarse el calzado, la ocasión para asistir a tan importante acontecimiento requería una vestimenta acorde con la importancia y magnitud del evento.
Miguel Canales estuvo de acuerdo con el maestro Escalona pero prefirió pasar por el almacén de variedades de propiedad del señor Bernardo Cuello Gutiérrez, ubicado frente a las oficinas del Distrito 12 de carretera a comprarse unos zapatos nuevos.
Allí el encargado del negocio Mauricio Daza puso a disposición de sus clientes unos lujosos zapatos italianos marca Faitala, de mucho furor en la época por su estilo señorial y la delicada textura en fino cuero.
El dependiente del almacén advirtió a Miguel, que no había en el negocio un calzado que ajustara a su medida, en el inventario sólo existían unos número 39.
Teobaldo Canales, quien tenía deseos de llegar rápido a Valledupar y quien calzaba un número más que su hermano, le propuso a Miguel que cambiaran de zapatos mientras llegaban a su destino. Yo de aquí allá te los amanso, “vai a ve”.
Como lo habían acordado partieron en chiva y antes de llegar al río Cesar, Miguel y el maestro Escalona risueñamente se miraban al notar que Teobaldo venia incómodo y angustiado por la molestia de los finos zapatos.
Al arribar a su destino encuentran la plaza Alfonso López, repleta de personajes provenientes de muchas partes, el entusiasmo era desbordado, era una fiesta única, nos independizamos oficialmente del departamento del Magdalena Grande.
La brisa proveniente del nordeste aquel 21 de diciembre de 1968 era fresca, la muchedumbre festejaba entre risas y aplausos dando la bienvenida al presidente de todos los colombianos, Carlos Lleras Restrepo.
Miguel Canales, astuto como de costumbre, se refugió en la casa de los Pavajeau, y pícaramente observaba desde las ventanas a su hermano Teobaldo, pisoteando el calzado en forma de chancletas y echándose fresco en los pies para amainar la hinchazón, producto de lo apretado que le quedaban los zapatos.
Miguel, por su parte, disfrutaba su fiesta bajo el clamor del acordeón de Alfredo y Colacho, el deguste de fino licor y el abrazo parrandero de sus amigos vallenatos como Darío y “El Turco” Pavajeau , Rafael Escalona, Leandro Díaz, Pepe Castro, Tirso Maya, Hernando Molina Céspedes y de importantísimos amigos y políticos provenientes de Santa Marta y Bogotá.
Al retornar a La Paz, ya Teobaldo había devuelto los zapatos a su hermano y éste, quien no los aguantaba, descalzo prefirió caminar sin ellos.
Al pasar por la esquina de la residencia de los hermanos Ildefonso y Marcó Torres se distraían y conversaban animosamente con amigos en una mesa del juego del dominó. Claudicó Arzuaga , quien estaba enamorado de los zapatos, le propuso a Miguel hacer un trueque.
Vas a ver Migue como te los amanso, Miguel por su parte, agobiado y fatigado por la talla que habían hecho a sus pies los zapatos asesinos, partió hacia su residencia a descansar.
A las 5 de la mañana alguien tocó fuertemente la puerta de la casa de Miguel Canales, al abrirla María Matilde, notò ofuscado a Claudino, quien sin mediar palabras lanzó los zapatos en medio de la sala y dijo en voz alta: podei decile a Miguel que me envíe mis zapatos, que ahí le dejo sus zapatos asesinos.
Miguel Canales con el paso del tiempo los cortò con una navaja modificando su apariencia y convirtiéndolos en chancletas. Fue tanta su inconformidad por no poderlos amansar que aprovechó una creciente para lanzarlo a las aguas enardecidas del río Mocho.

Crónicas Destinos

Por Hermes Francisco Daza

MARTINA SARMIENTO

El corregimiento de Curazao pertenece al municipio de San Juan del Cesar, está ubicado en el extremo sur de la península de La Guajira, en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta y la serranía del Perijá.
Desde su creación, Curazao formó parte del corregimiento de La Junta, constituyéndose en el barrio más extenso de esta localidad, conocida por todos como un solo pueblo, unidos y separados por el río San Francisco, el cual realiza su cauce por el centro de los dos caseríos, dándole el mejor acabado a la hermosura de este ecosistema natural que engalana dicho municipio.
Por razones políticas o administrativas se dio la segregación del corregimiento de La Junta, convirtiéndose en Inspección de Policía, y luego en un corregimiento más, y todo quedó plasmado en el papel que lo aguanta todo, puesto que como en el ‘Sagrado Mandamiento’, “lo que Dios ha unido, no podrá separarlo el hombre”.

Cuna de artistas

Esta población, que tiene el privilegio de contar dentro de su extensión territorial con el hermoso pesebre o caserío de Carrizal, ‘Tierra de Poetas’, como lo fue el gran Martín Maestre y ‘El Cacique’ Diomedes Díaz Maestre, el más grande intérprete de la música vallenata, el ídolo de las multitudes y toda su generación, así como los baluartes innatos Marciano Martínez Acosta, Ricaurte ‘El Kate’ Martínez, Henry Arciniegas, ‘Chico’ Sarmiento y Casimiro Lagos.
Curazao se caracteriza por estar rodeada de hermosos paisajes montañosos, es un emporio de gente emprendedora, amable, servicial, noble, talentosa, trabajadora, con mucho calor humano, ilustrada por personajes de expresiones con muchas hipérboles y actuaciones picarescas; y excelentes profesionales que se destacan en diferentes regiones del país. Su principal actividad económica es la agricultura, la cría de animales, las artesanías y el comercio informal.
Por carecer de espacios, escenarios e implementos para recrearse, deben utilizar los recursos que el medio les proporciona, es así como sus pobladores organizan tertulias recostados en asientos en los frentes de las casas, donde por costumbre se deleitan diariamente comentando los acontecimientos de su existencia pueblerina.
Sus principales festividades son los carnavales, celebración donde durante cuatro días con sus noches de baile, gozo, jolgorio, ron y maicena reciben el mayor número de visitantes; las tradicionales fiestas patronales de Santa Rita de Casia, la Virgen del Carmen, y ahora, el Festival de Tradiciones.

VICTORIA MAESTRE “TOYA”

Costumbres regionales

Este es Curazao, el pedacito de tierra que sus hijos llevan en su ser como si fuese un segmento más de su cuerpo, donde todos, por más lejos que se encuentren, añoran volver a recorrer sus espacios telúricos, evocar los gratos recuerdos de las lavanderas con sus fastuosos refajos que se peleaban en el río las piedras que ellas mismas escrituraban para lavar, dejaban tendida la ropa en la playa hasta el día siguiente y nadie se apropiaba de algo que no le correspondiera.
Visitar ese bello entorno es reencontrarse con los viejos amigos, aquellos con los que se disfrutaron las mejores épocas de la primaria y la secundaria, la muchachada del barrio, los paseos al salto de Carrizal, La Vega de las Indias, Los Cocos, el Salto de Fundación y al Guacamayo; mirar las crecientes de La Loma de Primo Víctor, Las Brisas del Guabinero, la unión de las dos crecientes de los ríos San Francisco y Santo Tomás en los Dos Caños.
También son famosas las recogidas de frutas silvestres a Talanquera, Los Cerritos, Agüitas Azules, La Falda, Corazón Gacho y La Despensa; pero no menos famosas son las cazadas de iguana y oso hormiguero para cambiárselos a los indígenas Wiwas que bajaban de la sierra por guineos dominicos, café, ñame y malanga.

RAULIN AMAYA-LIDER

Visitar Curazao es ir al río a recoger agua en tinajas para regar las hortalizas, observar a las abuelitas y los abuelos echando una mano de pilón mientras disfrutan un tabaco, a sacar las vacas, tomar espuma de leche con café en el corral, a empotrerar los burros, jugar trompo, pelar las paredes de la escuela con monedas jugando la cuarta, pegar los dibujos en los cuadernos con uvita y leche de higuito, rasparse las rodillas y los codos en los resbaladeros de llantas, participar de una recogida para embarrar un rancho, pastoriá las chivas, matar palomas, volar cometas, jugar con carritos de cardón, angarillar un burro, coger potroso, recoger miel de abejas, cocinar con leña, “pociar” en El Salto, El Guabinero chiquito y el grande; bañarse en la corrientica, El Pocito de Mamacán, Los Dos Caños y El Perehuétano, y a los que no les permitían ir al río, se conformaban con bañarse en Los Arroyitos, El Pocito de Pema y La Guaita.
Volver a Curazao es disfrutar contando un chiste, averiguando los últimos pormenores, qué pasó con Fulanito, si Zutano se casó, dónde vive Perencejo; lamentar la muerte de los seres queridos que han quedado grabados en el corazón de un pueblo que los recordará por siempre. Muy relevante también es ir a bailar a la cantina, recordar que los mejores siete y 31 de diciembre se disfrutaban donde la señora Chave, su casa por esa época se convertía en la pasarela donde todos sin distingo iban a lucir su mejor gala. Qué lindo es reavivarse con la paz, la calidez, su agradable clima y sus hermosos paisajes, si tuviésemos la dicha de volver a nacer, sin pensarlo, preferiríamos este paradisíaco lugar.

GEOVANNY ENRIQUE VEGA MENDOZA-FUNDADOR FESTIVAL DE TRADICIONES

Personajes guajiros

No se deben guardar los deseos de invitar a propios y extraños para que visiten esta linda tierra donde Dios se detuvo y regaló muchas cosas hermosas; pero al llegar no se olviden de conversar con Yeyi, preguntarle de quién está embarazada, seguramente le pedirá un pañal o un “yaquecito” para un bebé que nunca nace, y al cual aún literalmente no le ha encontrado papá; o un vestido para Pueblo, custodiándolo celosamente como si fuese el más grande tesoro, pidiendo café, repartiendo besitos, guiñando el ojo y mostrando la querica.
Averigüe qué pasó con el autor de la frase “El que no guste de lo azul que rompa el cielo” , y algo muy importante, acérquese a donde Toya y pídale que le lea el café; o a donde la señora Chave Torres para que le formule una botella, seguro su suerte cambiará; lástima que Tía Flor ya no vive aquí, ella sí que le mostraría en el pocillo de café el caminito de piedra que lo llevaría a lograr sus sueños, las cartas que le envía su amor más secreto, y si se le ha perdido algo, seguro que le diría donde localizarlo, pero no se entusiasme mucho, a todos les dice lo mismo.
Eso sí, tenga mucho cuidado si visita a La Vejé Hinojosa, ella es de lo más querida y zalamera; le ofrecerá variedad de matas y las frutas más grandes del planeta, pero siempre se le pierde todo; no se marche sin aprender a hilar y tejer mochilas, sin degustar la exquisitez gastronómica de la señora Denis, si no tiene plata, ella le brindará para que saboree, y hasta le colgará una hamaca en la enramada para que descanse y espere el almuerzo.


Historias de provincia

Durante su recorrido seguro le contarán la triste historia del desplazamiento forzado al que sometieron a los habitantes de este caserío, pero como podrá observar, ya todos retornaron. Por eso es mejor recordar cosas atrayentes, como por ejemplo, que en los años 80 todos los niños de la escuela querían tener como novia a la seño Rubira Perea, por su espigado cuerpo; que la izada de bandera se celebraba debajo de El Ceibote, considerado un hecho histórico porque se le rendía un homenaje a los símbolos patrios. Y alguno recordará como en los años 90 se gozaban observando a la seño Libia y a la seño Rafaela vencidas por el sueño en pleno salón de clases, y el profundo respeto por el profe Hilmer Acosta y la seño María Helena Vega.
Son inolvidables y admirables los hijos de Enna y Denis comercializando comidas rápidas por todo el pueblo (La Junta y Curazao), y los de Adela, cebollín y panela; ir a comprar mantequilla, aguacate o una libra de queso donde la señora Juana Mendoza (Q.E.P.D.), y luego quien se atrevía a devolverlo, sabiendo que ya se había comido el ‘hijito’ que ella estratégicamente acostumbraba a colocarle, todos la respetaban por su carácter fuerte, gestos y expresiones altivas. Su esposo, el señor Antonio Vega, es el personaje más antiguo de este querido poblado.
Hay tantas anécdotas para contar sobre la interesante historia de este caserío, pero es más grato visitarlo y deleitarse con sus encantos, para ratificar lo expresado por el poeta local: “recuerde que mientras hayan ganas de luchar, hay esperanzas de vencer”: Geovanny Enrique Vega Mendoza (Q.E.P.D.).

Arte y cultura Crónicas

Por: Hermes Francisco Daza

La Junta, paradisíaco lugar del sur de La Guajira, de gente noble, generosa y amable, de apacible paisaje de casitas blancas impecables, de techos de paja y caprichosa topografía, también de casas modernas, lleva este nombre porque allí se juntan los ríos Santo Tomás y San Francisco, formando un solo cauce, para luego alimentar el pozo de La Olla, que lo constituye una roca cóncava y espaciosa con capacidades para varios bañistas que llegan en las vacaciones de mediado y fin de año.
Además, existe el balneario El Salto, sitio turístico de gran importancia en la región donde propios y visitantes disfrutan de las aguas cristalinas del rio San Francisco.
Aunque no se tiene conocimiento de la fecha de su fundación, se cree que esta ocurrió a partir del año 1.700 y fueron sus primeros moradores las familias Acosta, Daza, Maestre, todos de origen español.
De aquellos remotos tiempos, se cuenta la anécdota de que doña Isabel Acosta, rica hacendada del poblado, pudo vender hasta cien novillos de un mismo color y que el comprador escogiera.

El hecho de que en La Junta se cultive el maguey o fique y la habilidad artesanal de su gente para fabricar con este material mochilas, carteras, chinchorros, hicos, alfombras, adornos de toda clase, fue motivo para que se instituyera por iniciativa del arquitecto Gustavo Gutiérrez Maestre, el Festival Folclórico del Fique que el primer año se denominó de la Mochila.
Hoy recordamos con nostalgia la curiosa historia del Festival del Fique que en una oportunidad rescatamos de personajes de la población para dar a conocer su origen a los amantes de estos eventos folclóricos culturales. Fue el 16 de julio de 1970, día de la Virgen del Carmen, en la residencia de la señora Celina Sierra de Hinojosa, donde se encontraba departiendo en compañía de otras damas de la población; mientras charlaban, doña Celina tejía una mochila pequeña en colores blanco y verde, con destreza movía sus manos mientras estaba atenta a la conversación de las amigas, cuando llegó de improvisto el arquitecto y piloto juntero Gustavo Gutiérrez Maestre y le causó admiración la obra que estaba realizando doña Celina.
Gutiérrez Maestre manifestó su asombro por la agilidad de Doña Celina y la belleza de la mochila, dijo: “aquí se debe hacer un festival de la mochila”, la idea fue acogida con entusiasmo por las señoras allí presentes. Fue así como los productores y vendedores de mochilas, chinchorros, hamacas, macanas, carrumbas, pelotas de cabuya, hoja de maguey, se fueron con sus haberes a la plaza principal, debajo de un árbol de trupillo característico de la tierra desértica de La Guajira, y de esta forma hicieron la más genial de las muestras de artesanías y elementos, todo frente a la iglesia San Antonio de la población y con la animación de Lisandro Meza que estaba tocando allí para las fiestas en honor a la Virgen del Carmen.

Así nació el Festival Folclórico del Fique pero con el nombre de Festival de la Mochila, que incluso tuvo su primera reina, la recordada Gladis Acosta en 1.970.
El festival folclórico y cultural del fique, uno de los de mayor tradición y quizá el mas antiguo de la Guajira con 50 años; este evento no se realizó en los años 80, 81, 82 y 83 por la situación de inseguridad que vivió el país y la región, y los años 2020 y 2021 a causa de la pandemia covid19.

Hijos ilustres
La Junta es un corregimiento famoso porque ha dado hijos ilustres, un pueblo de recuerdos, tiene alrededor de 3.500 habitantes, es el corregimiento más grande del municipio de San Juan del Cesar, Sur de La Guajira y el más adelantado en materia de servicios públicos; han sido un almácigo de profesionales distinguidos de este lugar el exgobernador del Cesar Manuel Germán Cuello Gutiérrez, Eduardo Lacouture Cuello exgobernador de La Guajira, Elías Lacouture Acosta, Hernán Acosta Solano exdiputado y concejal, Esteban Cuello, ‘Toba’ Mendoza, Joaquín Sierra, Jota’ Cuello, Julio Romero, Ana Dolores Maestre, Diomedes Díaz Maestre, Rafael Gutiérrez Acosta, Marciano Martínez Acosta, El rey de Reyes de la piquería del festival vallenato José Félix Ariza Vega, Cater Martínez, Omar Maestre Mendoza, Rubén Darío y Álvaro Araujo Cuello, Andrés Vega, Leandrito Sierra Acosta “El médico del pueblo” El compositor Jacinto Leonardi Vega Gutiérrez y las matronas Junteras Mauricia Daza, Elvira Acosta entre otros que se han de distinguir por su honorabilidad, honradez, inteligentes y admirables.

La Junta, es un bello pueblo donde nació Diomedes. EI nombre del pueblo, resuena por todas partes gracias a los cantos de su hijo más destacado en el campo folclórico – cultural: Diomedes Díaz Maestre. Él, con su talento innato lo posicionó ante la faz nacional e internacional y hoy hace parte de su propia historia, esa que se dio el lujo de contar en canciones.
En medio de su amplia biografía el cantante Rafael Orozco Maestre lo bautizó con el mejor nombre, ese que le dio el mayor reconocimiento y le hizo sumar la más grande fanaticada que artista alguno tenga en Colombia: El Cacique de La Junta. Diomedes fue el hijo más agradecido con su pueblo al que enmarcó en una de sus canciones como el pueblo más bello, ese que supo de sus primeras andanzas en el arte, musical y lo vio alcanzar la gloria para finalmente llegar a la inmortalidad.
Pasar una noche en La Junta, no es fácil, describirla es algo emocionante y a la vez fascinante. Iniciada la noche, el pueblo vibra con canto estridente de los grillos – noche de- grillos – como dijera el poeta, y se escucha como si viniera muy lejos, una música alegre, desgarrando el aire tranquilo de la noche. Se ven lo insectos revoleteando incesantemente alrededor de los bombillos, haciendo de la noche un verdadero espectáculo.

“El perfil de un pueblo se construye sobre su pasado, pero también sobre su presente. “Añoranzas de mi tierra”

Luego el pueblo se sumerge en un sueño letárgico, y en un silencio largo, donde solo se escuchan los latidos de los corazones y ya en la madrugada, rompen el silencio el alegre y sonoro canto de los gallos anunciando un nuevo día. El amanecer es impresionante y fantástico, con la presencia de una brisa cálida que no molesta, acompañada del trino de los pájaros.
La Junta está dividida desde su nacimiento por un cinturón de plata – un pequeño rio – el Santo Tomás, en dos caseríos. Uno de ellos, está habitado por la clase elitista, la más aristocrática.
El otro caserío llamado Curazao, no recuerdo el porqué de ese nombre, es más pequeño, más humilde, más impetuoso, más inconforme. Parece ser como un apéndice del otro caserío, pero sus costumbres son distintas, no confraternizan, y se mantienen alejados, uno del otro, hasta llegar a conformar dos corregimientos, caso insólito en la historia de estos caseríos hermanos. A pesar de todo esto, existe una idiosincrasia que los acerca todos los días. El ser junteros por ancestro.
Había en ese entonces, una naturaleza pródiga en lluvias y se producía toda clase de frutas que se encontraban en el campo y en sus praderas. El marañón, la candunga, el mango, el cotoprix, el mamòn dulce, el peruétano, la rabiacana, la guayaba, la ciruela y muchas otras frutas que han desaparecido por los efectos nocivos y criminales del hacha homicida que ha ido destruyendo los pocos montes que quedan, dejando en la orfandad las orillas de los ríos, que no tienen agua y se mueren de sed, porque no llueve.

Arte y cultura Crónicas

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

En medio de los recuerdos impregnados alrededor de la música de acordeón, caja, guacharaca, versos y cantos arropados con amplias polleras estampadas con flores menudas, bongos, pilones y toda la parafernalia de esta expresiva manifestación folclórica, aparece Consuelo Araujonoguera, la mujer que abrió de par en par las puertas de Valledupar para que fuera conocida como la Capital Mundial del Vallenato.
Acercándose a las remembranzas, ella al lado de Cecilia ‘La Polla’ Monsalvo en el año 1981 lograron que la danza del Pilón tuviera mayor vida y no quedara en el olvido, como lo estaba marcando el tiempo. Hoy esa danza hace parte esencial del Festival de la Leyenda Vallenata, agrupando a miles de Piloneros y Polineras, haciendo posible que el pueblo viva de cerca su tradición.

La acogida de la danza entre niños, jóvenes y adultos fue total. Ella en una ocasión le sugirió a Cecilia ‘La Polla’ Monsalvo, que a la hora de su partida de la vida la vistieran de pilonera. Su voluntad no se cumplió a cabalidad debido a lo trágica que fue su muerte. Se le puso un vestido blanco con sus respectivas trinitarias.
‘La Cacica’ era meticulosa, ordenada y con una visión que traspasaba las fronteras del pensamiento, logrando que se concretaran los proyectos que emprendió. En ese orden de ideas todo lo tenía previsto.
En su rol de escritora, periodista y gestora cultural siempre al servicio del vallenato escribió tres libros: ‘Vallenatología, (1973); ‘Escalona: el hombre y el mito’ (1988), y ‘Lexicón del Valle de Upar’ (1994). Dejó por publicar un libro sobre el maestro Leandro Díaz, titulado: ‘En la casa de Altopino’.


En distintos lugares de Valledupar está un recuerdo de ella. Es así como el viernes 19 de marzo de 2010, se instaló al frente del Parque de la Leyenda Vallenata Consuelo Araujonoguera, el monumento en su honor elaborado en bronce y llamado ‘La Pilonera Mayor’, obra del artista Amilkar Ariza.
De igual manera, fue la creadora en el año 1985 junto a un grupo de amigos del Festival Tierra de Compositores de Patillal, Cesar. A finales del mes de diciembre se lleva a cabo este certamen con la finalidad de darle la mayor trascendencia a esta tierra donde priman bellas melodías que al escucharlas provoca cantarlas.


De pie, como vivió su vida…

Siguiendo con el recuento, la mañana del miércoles tres de abril de 1996 se acordó en las instalaciones de Radio Guatapurí la entrevista con Consuelo Araujonoguera, donde se trataron temas referentes a los preparativos del próximo Festival de la Leyenda Vallenata.
En medio de las respuestas, vino una pregunta que no estaba prevista, pero que ella no obvió sino que respondió de inmediato. ¿Doña Consuelo, usted tiene listo su epitafio?
“Claro. Es el siguiente. Aquí yace Consuelo Araujonoguera de pie, como vivió su vida. No contenta con lo anterior tomó la libreta del periodista y lo escribió, diciendo.. “Ese quiero que sea mi epitafio”.
El primero de octubre de 2001 más de 40.000 personas acompañaron a ‘La Cacica’ hasta la última morada donde en su lápida estaba la célebre frase.
Acordeones y flores de trinitaria fueron el emblema de la despedida como símbolo de su vida. En el sepelio el maestro Rafael Escalona manifestó conmovido. “Si llorar por dentro cuenta, yo me estoy ahogando”. Ese día también muchas caras tristes estrenaron lágrimas.
Precisamente Lolita Acosta, quien oficiaba como Jefe de Prensa de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, leyó en las honras fúnebres una nota que en sus apartes decía. “Todo cuanto hizo Consuelo lo realizó con la convicción y la fortaleza de la verdad de que sus actos no serían efímeros, sino para el mañana. Entendió, casi que desde su niñez, la trascendencia del hombre y de la mujer como seres pensantes, transformadores y creativos, dueños de sus destinos, pero condicionados a un poder Supremo: el de Dios. Un Dios dador y despojador de todo cuanto tenemos, de todo cuanto sufrimos y gozamos. Así la vimos, así la conocimos y es el testimonio que podemos dar de ella”.
En la memoria vallenata Consuelo Araujonoguera nunca morirá, al contrario vivirá para siempre entre la realidad y la fantasía vestida de pilonera, elegante, sencilla, distinguida, autóctona, perenne, eterna entre el mito y las nostalgias de la leyenda vallenata.
Uno de los grandes honores que recibió Consuelo Araujonoguera fue ser nombrada como Ministra de Cultura, labor que desempeñó del 18 de julio de 2000 hasta el 2 de marzo de 2001, en el mandato del presidente Andrés Pastrana Arango.
En tan corto tiempo de su ejercicio en el ministerio pudo consolidar distintos proyectos para seguir cultivando la cultura y el folclor en todo el país. Uno de ellos en el departamento del Cesar, fue la creación de la Escuela de Música Alejo Durán, en El Paso, que continúa vigente.


Sinceramente Consuelo Araujonoguera parece haber vivido cientos de vidas en una. Madre seis veces y Abuela trece. Además, amante de los crucigramas y de la jardinería. Tuvo una existencia plena y fructífera.
Cuando ella hablaba de los adioses sin retorno, decía. “El mejor homenaje que puedo recibir cuando muera es que no callen los acordeones y que el Festival de la Leyenda Vallenata siga siendo la mayor carta de presentación de mi amado Valledupar”. Así ha seguido siendo.

‘La Cacica’, quien cinco años atrás había escrito su epitafio, debió morir por el cansancio de los años, y no asesinada, para que en este tiempo estuviera hablando del maestro Leandro Díaz, ‘El Homero del vallenato’, como lo bautizó. También recordando sobre su libro, ‘En la casa de Altopino’, donde lo describió en toda su dimensión material y espiritual. Muy claro quedó escrito y cantado. “A mí no me consuela nadie”…