Así nació “Dina Luz”, el inolvidable paseo de Rafael Escalona
El cuento de Pepe
Por: Pedro Norberto Araujo Castro
El maestro Rafael Escalona
Mucho antes de convertirse en una de las canciones más recordadas del repertorio vallenato, “Dina Luz” fue una historia de admiración, distancia e inspiración. En esta nueva entrega de El cuento de Pepe, Pedro Norberto Araujo Castro reconstruye el encuentro entre Rafael Escalona y la mujer que dio origen a uno de sus paseos más entrañables, una historia que comenzó en las fiestas patronales de Villanueva y terminó inmortalizada en el cancionero vallenato.
Rafael Escalona sentía un profundo afecto por Villanueva. Allí disfrutaba del aprecio de sus habitantes y, especialmente, de la amistad de personajes como Tite Socarrás, Ospicio Baquero, Silvestre Dangond, Raúl Lafaurie Acosta, Sabas Socarrás y Rodrigo Socarrás.
Un 18 de septiembre fue invitado a las fiestas patronales de Santo Tomás, en Villanueva. Desde muy temprano llegó procedente de La Paz, acompañado de su gran amigo y compadre Miguel Canales, a quien había recogido durante su paso por La Montaña.
A la hora acordada ingresó a la parranda organizada en la casa de Toño Dávila. La celebración era amenizada por el maestro Emiliano Zuleta Baquero, quien hacía sonar con maestría su acordeón. Compartían aquella reunión Juan Félix, Cheito, Chico y José Galo Daza, Poncho Cotes, Canopán Cabello, Beltrán y Enriquito Orozco.
La música no tardó en extenderse por el pueblo. Para enriquecer aún más la parranda, enviaron a buscar al joven acordeonero Egidio Cuadrado Hinojosa, quien se encontraba en el barrio El Cafetal. Al recibir la invitación de Rafael Escalona, aceptó sin vacilar.
La fiesta fue tan comentada que atrajo a numerosos curiosos. Entre ellos llegó Dina Luz, hermana de Egidio, una joven que representaba la elegancia, la nobleza y la belleza de la mujer villanuevera.
Escalona, reconocido por su espíritu alegre y conquistador, quedó cautivado desde el primer momento. La presencia de aquella rubia de mirada serena despertó de inmediato su interés y, durante toda la noche, no dejó de prodigarle atenciones.
Al día siguiente partió muy temprano hacia Bogotá. El presidente Alfonso López Michelsen lo había citado en la Casa de Nariño y, según recuerda el autor de esta crónica, lo invitó a acompañarlo en una visita oficial a Leticia, en el marco de una agenda diplomática relacionada con un posterior encuentro con el presidente de Brasil, Ernesto Geisel.
Mientras contemplaba los atardeceres del Amazonas, Escalona comenzó a escribir una carta dirigida a Dina Luz. Aquellas palabras, nacidas de la nostalgia y de la distancia, terminarían convirtiéndose en uno de los paseos más recordados de su repertorio.
Por esos mismos días, el compositor vivía otro momento trascendental. El presidente López Michelsen lo designó cónsul de Colombia en la ciudad de Colón, República de Panamá, mediante el Decreto 2110 del 1.º de octubre de 1974. El cargo lo asumiría oficialmente el 8 de enero de 1975.
Una inspiración que se volvió canción
“Hice una carta pa’ Dina Luz,
en la frontera del sur,
en Leticia, pa’ que no diga
que es ingratitud
que la he olvidado por otra distinta…”
“Quise comprarle en La Pedrera
los amuletos que tienen tabú;
todas las cosas me parecen feas
para regalárselas a Dina Luz…”
“¿Con cuál moneda te puedo comprar,
si nunca la han hecho
y si nunca la harán?
Iba buscando por toda la frontera
cosas bonitas para ti, en Villanueva…”
“Iba buscando por el Amazonas
cosas muy lindas pa’ ti, bella mona;
iba buscando por el Orinoco
el caimán encantado
que vuelve a uno loco…”
“Allá en Leticia,
allá en la frontera,
la gente miraba mi triste actitud.
¡Qué brasilera ni qué brasilera!
A mí me enloquece no más Dina Luz…”
El 8 de enero de 1975, Escalona se posesionó como cónsul de Colombia en Panamá. Durante los tres años que permaneció en ese país vivió una etapa de profundas transformaciones personales y profesionales, marcada por nuevas experiencias que también enriquecieron su inspiración musical.
Cuando regresó a Colombia ya no volvió a establecerse en Valledupar. Optó por radicarse en Bogotá, donde se integró a nuevos círculos sociales y culturales, sin desprenderse jamás de las raíces que dieron vida a su obra y lo consagraron como uno de los más grandes compositores del vallenato.
Así, lo que comenzó como un encuentro casual durante unas fiestas patronales en Villanueva terminó convirtiéndose en una de las páginas más entrañables de la historia del folclor colombiano. “Dina Luz” no solo inmortalizó el nombre de una mujer, sino también un instante de la vida de Rafael Escalona en el que el amor, la distancia y la inspiración se fundieron para dar origen a una de las canciones más recordadas del vallenato.

