Arte y cultura Crónicas

Por:Juan Rincón Vanegas @juanrinconv

 El acordeonero, cantautor y productor Israel Romero Ospino, ‘El Pollo Irra’, bautizado así por el cantautor Daniel Celedón, nació el sábado 15 de octubre de 1955 en Villanueva, La Guajira, siendo el quinto de nueve hermanos del hogar conformado por Escolástico Romero Rivera y Ana Antonia Ospino Campo ‘La Nuñe’. Además, por su amplia trayectoria la Academia de la Música de Alemania, el primero de diciembre de 1998 le otorgó el título de ‘El mejor acordeonero del mundo’.

Toda una historia que han catapultado su carrera artística hasta llegar a recibir el próximo año, el homenaje en el 59° Festival de la Leyenda Vallenata, al lado de su inolvidable compadre Rafael Orozco y el Binomio de Oro de América. Además, recibirá la corona de Rey Vallenato Vitalicio.

Ante esto, tuvo palabras de agradecimiento. “Esta es una alegría inmensa que comparto con todos, unido a la familia de mi compadre Rafael Orozco y la familia de El Binomio de Oro de América. Mantenerse durante una cantidad de años no es nada fácil y este homenaje es extraordinario porque lo hace el Festival de la Leyenda Vallenata, el más importante de Latinoamérica y el mundo”.

La gran unión

Todo tomó forma el miércoles 16 de junio de 1976, tiempo después de Israel Romero y Rafael Orozco conocerse y compartir incluso presentaciones. “Estábamos en una fiesta de cumpleaños del locutor Lenín Alfonso Bueno Suárez, pero la persona que nos llevó se fue sin decirnos. Nos dejó tirados y salimos a tomar un taxi. En esa caminata conversamos la posibilidad de trabajar juntos. Comenzamos a hablar de la ropa que íbamos a lucir y hasta el nombre del grupo”.

Israel Romero llenó de todas las añoranzas continuó. “Después decidimos ir a Valledupar para informar el anuncio de nuestra unión. Estuvimos en Radio Guatapurí y el locutor Isaac León Durán, nos dijo que hacíamos un buen Binomio. Al llegar a grabar en Medellín para el sello Codiscos, al nombre le añadimos las iniciales de nuestros apellidos y quedó El Binomio de Oro”.

La expectativa era total y el 15 de septiembre de 1976 se lanzó el disco El Binomio de Oro que contenía 10 canciones: ‘La creciente’ (Hernando Marín), ‘Bonito el amor’ (Juan Vanegas), ‘Seguiré penando’ (Leandro Díaz), ‘El rey’, (Rafael Martínez Céspedes), ‘Cosas bonitas’ (Sergio Moya Molina), ‘Eterno enamorado’ (Edilberto Daza), ‘El pataleo’ (Alfonso ‘Poncho’ Cotes Jr.), ‘Momentos de amor’ (Fernando Meneses), ‘’Rebeca’ (Vicente ‘Chente’ Munive), y ‘La gustadera’ (Alberto ‘Beto’ Murgas). En total las 10 canciones tienen una duración de 34 minutos y 41 segundos, y como dato curioso los nombres y apellidos de los dos artistas tienen 12 letras cada uno.

Rafael Orozco e Israel Romero, juntos en El Binomio de Oro grabaron 19 trabajos musicales desde 1976 hasta 1991, logrando una serie de éxitos, entre ellos vallenatos clásicos. Después, ante la trágica muerte de Rafael Orozco en Barranquilla el 11 de junio de 1992, continuó El Binomio de Oro de América, quien ha seguido llevando la bandera del folclor vallenato por muchos países del mundo.

Proyectos musicales

Israel Romero también hizo énfasis en varios proyectos musicales, siendo el primero el lanzamiento de una canción al lado del artista samario Carlos Vives. “Sé que les va a encantar el encuentro con Carlos Vives, quien ha hecho un inmenso aporte a nuestra música colombiana”. Un acordeón y una voz unidas con el mejor propósito musical. De igual manera anunció que iba a grabar una producción musical con varios cantantes, caso Poncho Zuleta, Iván Villazón, Beto Zabaleta, Silvio Brito e Ivo Diaz, entre otros.

En medio de la develación del afiche promocional del 59° Festival de la Leyenda Vallenata le hicieron el anuncio por parte de la Alcaldía de Valledupar de instalar una escultura como tributo a El Binomio de Oro. “Esta obra será un símbolo de reconocimiento a la trayectoria artística de Israel Romero y Rafael Orozco, El Binomio de Oro, cuyo estilo inconfundible y éxitos abrieron una nueva era en la música vallenata”.

Al respecto Israel Romero, manifestó. “Quiero agradecer a Valledupar, al alcalde Ernesto Orozco por su bonito homenaje, porque tener una escultura es algo muy bonito. No imaginaba tenerla en Valledupar, por eso estoy altamente emocionado y ahora solo espero el día para llevar a cabo su inauguración al lado de la familia de mi compadre Rafael”.

El acordeón de Israel Romero sigue regalando melodías y la voz de Rafael Orozco se escucha con aquellos cantos que a lo lejos reflejan sentimientos, evocando la inspiración de muchos compositores quienes quedaron en la historia, o mejor en ‘Momentos de amor’ donde se respiraba el mismo aliento y aroma.

Y para no esconderse en la lejanía donde el adiós nunca toma impulso para regresar, se mira un nubarrón allá en el cielo señal de una fuerte tormenta esperando a la mujer que más se quiere. Ella no llegó, pero se conformó con un canto de esos donde El Binomio de Oro resucitaba el amor, y hasta una lágrima mostraba al mundo todo lo que hay por dentro.

Las notas del acordeón de Israel Romero se siguen escuchando dejando constancia de su maestría y recordando que comenzó a tocar solo, teniendo como modelo a su hermano Norberto. Es así como su estreno fue en el Festival Folclórico Patronal de Villanueva, La Guajira, evento anterior al Festival Cuna de Acordeones, donde concursó en la categoría de acordeón infantil ocupando el segundo puesto. También cuando que en la Iglesia Santo Tomás se dañó el órgano, y él con su acordeón acompañaba los cantos litúrgicos. Después, pasados los años las victorias fueron suyas y solamente se escucha: “Pica, pica, Pollo Irra”.

Arte y cultura

La música, la nostalgia y el orgullo se fundieron en una misma voz durante el homenaje rendido al artista Silvestre Francisco Dangond Corrales, quien fue declarado Hijo Adoptivo del municipio de La Paz, reconociendo su brillante trayectoria artística, su amor por las tradiciones del Cesar y su invaluable aporte a la cultura vallenata.

Fue una jornada cargada de emociones, donde el amor por el folclor, la gratitud y las raíces se hicieron protagonistas en cada rincón de este pueblo almojabanero. Desde el corregimiento de Varas Blancas hasta la plaza Olaya Herrera de La Paz, miles de silvestristas acompañaron al artista en una caravana que más que un homenaje, fue un reencuentro entre un hijo y la tierra que lo vio crecer como músico y como persona.

Un homenaje que nació del corazón de su gente

Un primer acto fue en la plaza de Varas Blancas, ahí el alcalde de San Diego, Unaldo Rocha Calderón, entregó un reconocimiento especial a Silvestre Dangond por su invaluable contribución al folclor vallenato y su capacidad de llevar, con orgullo, la identidad de esta región a escenarios nacionales e internacionales. A su vez, el compositor Crispín Rodríguez le otorgó una distinción en nombre del corregimiento de Varas Blancas, exaltando el cariño y admiración de su pueblo.

Desde allí, la gobernadora del Cesar, Elvia Milena Sanjuan Dávila, y Silvestre recorrieron la Ruta del Jilguero, visitando dos de los siete murales que hoy son lugares emblemáticos en La Paz, porque hacen memoria a Jorge Oñate, padrino musical y figura determinante en la carrera de Dangond. Ese lazo entre maestro y ahijado marcó para siempre el vínculo del cantante con el municipio de La Paz, que hoy lo reconoce como uno de los suyos.

La Paz le entrega su alma a Silvestre

La plaza Olaya Herrera fue el escenario central de este homenaje, donde miles de personas se congregaron para presenciar el acto protocolario en el que, en nombre de todos los pacíficos, se le confirió oficialmente el título de Hijo Adoptivo del Municipio de La Paz y la medalla Villa de La Paz, máximo galardón institucional otorgado por esta administración a quienes enaltecen su historia y sus tradiciones.

Asimismo, Silvestre recibió el título honorífico de “Guardia de Honor de las Tradiciones Pacíficas Vallenatas”, como símbolo de gratitud, respeto y admiración por su valioso aporte a la preservación del legado cultural que identifica a esta tierra del norte del departamento. 

El reconocimiento fue entregado por Adalberto Ramírez, alcalde (e) del municipio de La Paz, acompañado por el Concejo Municipal, gestor de la iniciativa que nació del sentir popular y encontró eco en el respaldo del Gobierno del Cesar.

Durante el acto, la mandataria de los cesarenses exaltó la grandeza del artista y el poder de su música como símbolo de identidad y orgullo: “Queremos expresarte públicamente nuestro agradecimiento por haber llevado el vallenato por todo el mundo, logrando con tu voz y tu propia historia convertirlo en una bandera de identidad y de orgullo. Querido Silvestre, aquí estás desde el 12 de mayo de 1980, disfrutando de la vida y siendo espectador de este testimonio de devoción y respeto que tus incontables seguidores te estamos otorgando desde el principio de tu carrera musical. Este homenaje que hoy te hacemos es una minúscula pieza de todo el conjunto de enaltecimientos que cosechas con tu grandeza, con tu amor y especialmente con tu nobleza. Tu vida, Silvestre Francisco, créeme, para nosotros es una hermosa canción”, pronunció la gobernadora, Elvia Milena Sanjuan Dávila.

Por su parte, el artista, visiblemente emocionado, agradeció al pueblo pacífico y al Gobierno del Cesar por este reconocimiento que, según sus palabras, tiene un valor especial. “Qué hermoso volver a La Paz y volver en esta circunstancia, es un motivo muy especial para mí. A mis 45 años entendí por qué parte de mi niñez se hizo aquí en La Paz. Me unieron tantas cosas, mi padrino Jorge Oñate, mis acordeoneros por excelencia. Mi acordeonero principal que es Álvaro López. El primero con que grabé, Román López, y el de antes de grabar, el gran Maco”, refiriéndose a José Enrique Zuleta, expresó el artista en su intervención cargada de sentimiento y varias anécdotas.  

“Queda mucho tiempo por recorrer mis queridos hermanos pacíficos. Y yo no me puedo negar a la posibilidad de volver a cantarles en un concierto como lo hacía antes” recalcó el artista y encendió la euforia de los presentes.

El vallenato es el lenguaje que nos une

El homenaje culminó con un show musical a cargo de Mario Cerchar y Chucho Ocampo, quienes interpretaron algunos de los éxitos de Silvestre Dangond ante un público que cantó a una sola voz. Cada acorde fue una muestra del amor y la admiración que el pueblo del Cesar y de La Paz siente por uno de los artistas más representativos del vallenato moderno.

Adalberto Ramírez, alcalde (e) del municipio de La Paz, envió un mensaje que reflejó el sentimiento colectivo: “Tu camino ha sido largo, pero es nuestro orgullo y gran satisfacción saber que ese camino inició precisamente aquí en estas calles raras. Las calles de los López, dinastía de acordeoneros, cantores, compositores de nuestra tierra almojabanera. Las calles de Jorge Oñate, El Jilguero de América, pionero del canto vallenato, que no dudó en reconocer en ti un futuro brillante y apadrinar tu vida musical. Hoy nos reunimos todos aquí para hacer honor a tu nombre, para reconocer de manera oficial lo que cada pacífico sabe desde tu nacimiento en la música, que eres hijo de este pueblo amado”, afirmó.

El vallenato: herencia viva del Cesar

El Gobierno del Cesar, consciente de que la música vallenata es patrimonio inmaterial y corazón de la identidad regional, ha acompañado con orgullo este homenaje, reconociendo en Silvestre Dangond a un artista que ha sabido trascender el escenario para convertirse en un símbolo de inspiración, disciplina y amor por la cultura.

Un artista que, a pesar de haber nacido en Urumita, La Guajira, se ha formado entre los paisajes, los afectos y las raíces de este territorio que respira acordeones y poesía. Su historia musical, como el mayor referente de la nueva generación en el vallenato, quedará guardada en el Centro Cultural y de Convenciones de la Música Vallenata, CCMV, así como la de varios artistas que con esfuerzo, talento y fe han logrado conquistar sus sueños sin olvidar de dónde vienen.

Con este acto, el Gobierno del Cesar, en articulación con la Alcaldía de La Paz, reitera su compromiso de preservar, promover y exaltar el folclor vallenato, fortaleciendo el legado cultural que nos representa ante el mundo. 

Una noche que quedará para la historia al ser una manifestación de amor, de gratitud y de identidad, una velada en la que las raíces hablaron más fuerte que las palabras. 

Arte y cultura

En el marco de la conmemoración del Día de la Resistencia Indígena, el Movimiento Indígena Nación Wayuu impulsó una iniciativa artística y cultural junto a la Fundación Laboratorio Amarillo, con el propósito de fortalecer la identidad, la memoria y la expresión comunitaria a través del arte.

Las actividades consistieron en talleres de muralismo desarrollados con niños, jóvenes y miembros de dos comunidades wayuu en el municipio de Manaure, los cuales culminaron con la creación de murales que reflejan su visión del territorio, su espiritualidad y los elementos que hacen parte del imaginario colectivo wayuu: sus personajes, pensamientos y relatos tradicionales.

“El arte es una herramienta fundamental porque sirve para empoderar a las comunidades, para poder no solamente reafirmar su compromiso con el territorio, sino con la comunidad misma y es un mensaje que se le da a voz viva al mundo a través de los colores, las formas y estos mensajes que tejen paz”, destacó Jorge Ríos, muralista y representante legal de la fundación Laboratorio Amarillo. 

La primera jornada se llevó a cabo en la comunidad de Waymaral, donde el mural tuvo como protagonista a la Puloy, un personaje mitológico descrito por la comunidad como un ser espiritual que habita en las aguas. Esta obra también rindió homenaje al papel de la mujer como símbolo de vida y equilibrio.

La segunda jornada se desarrolló en la comunidad de Pesuapa, donde los participantes destacaron, a través del color y la creatividad, la fuerza de la mujer wayuu y la imaginación y fantasía de los niños como herederos de la cultura y la resistencia.

“Es algo novedoso porque nosotros los wayuu plasmamos la naturaleza en nuestras artesanías, pero en esta oportunidad los niños pudieron expresarse mejor a través del arte. Gracias a Nación Wayuu por permitirnos este espacio”, señaló Isolina Silva, lideresa wayuu de la comunidad de Pesuapa. 

Esta experiencia fue una forma de mostrar cómo, desde diversas expresiones, el pueblo wayuu continúa resistiendo, reafirmando su identidad y defendiendo su territorio también a través del arte.

El Movimiento Indígena Nación Wayuu reiteró su compromiso de seguir promoviendo espacios donde las comunidades puedan expresarse libremente, como una forma de fortalecer su identidad, su autonomía y la defensa de los derechos humanos.

Arte y cultura Opinión

Por: Juan Carlos Travecedo 

En una emotiva ceremonia realizada en el Centro de Estrategias y Desarrollo Empresarial de La Jagua del Pilar, la Universidad Única —Universidad Católica Americana—, con sede en Brandon, Estados Unidos de América, confirió al cantautor, abogado y gestor cultural Rafa Manjarrez, actual presidente de Sayco, el título de Doctor Honoris Causa en Derecho y Construcción de Paz.

El acto tuvo lugar durante las fiestas patronales en honor a la Virgen del Pilar, y se convirtió en un acontecimiento histórico que enalteció el nombre de La Guajira y del vallenato ante Colombia y el mundo.

Presidieron la ceremonia el rector de la Universidad Única, doctor Gabriel de la Rosa, el padre Doriam Rocha, el gobernador de La Guajira, Jairo Aguilar Deluque, el ministro de Educación, José Daniel Rojas Medellín, el rector de la Universidad Popular del Cesar, Rober Romero Ramírez, y el exgobernador Rodolfo Molina Araujo, y el gerente general de SAYCO, César Ahumada Avendaño, entre otras personalidades del ámbito académico y cultural.

Acompañaron al homenajeado su esposa Linda Tromp Villarreal, sus hijas Linda Valeria Manjarrez Tromp e Ivon Manjarrez, actual alcaldesa de La Jagua del Pilar, junto a familiares, amigos y admiradores que aplaudieron este reconocimiento a una vida dedicada al arte, la palabra y el servicio.

El doctorado honoris causa a Rafa Manjarrez ratifica su legado como símbolo del folclor vallenato, la cultura y la paz, y como uno de los hijos más ilustres de La Guajira.

Arte y cultura

Con la presencia de Wendy Orozco, hija de Rafael Orozco, del acordeonero Israel Romero y varios de los cantantes de la agrupación Binomio de Oro de América, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata develó el afiche promocional de la edición  59 de este importante evento que se realizará del 29 de abril al 2 de mayo de 2026 en homenaje a esta agrupación vallenata que llenó de gloria las páginas de este género musical. 

Durante el acto, participaron además, los cantantes que han hecho parte del Binomio de Oro en su nueva etapa, luego de la muerte de la voz líder Rafael Orozco, lo mismo que reyes vallenatos y grandes figuras del folclor, quienes destacaron el invaluable aporte de esta agrupación que se atrevió a vestir de gala al vallenato y traspasar fronteras en una época en la que no existían las redes sociales ni los celulares. 

La melodiosa voz romántica de Rafael y el inconfundible estilo del acordeón de Israel marcaron un hito en el vallenato que hizo historia y se quedó en el corazón de los amantes de esta música, quienes aún recuerdan y corean con emoción todas sus canciones. 

El diseñador del afiche promocional es Carlos Ortiz, director creativo y diseñador gráfico de Codiscos, ganador del Latín Grammy  al mejor diseño de empaque en la edición 25 de los premios, quien lleva más de 20 años trabajando en la industria musical. En la creación del afiche también participó el publicista Rubén Darío Torres Rivera, Rudato Jr, profesional egresado de la universidad Jorge Tadeo Lozano. 

Ortiz dio a conocer lo que se quiso representar a través de este afiche “En la parte superior del afiche escogimos la fotografía de Israel y Rafael vestidos de negro , que nos recuerda sus portadas icónicas de trabajos como D’Caché, De exportación y 5 Años de oro, todo en medio de una elegante, imponente y distinguida sobriedad. En la parte inferior los volvemos a ver con sus trajes blancos que también referencias muchas de sus portadas en medio de una actitud alegre, expresiva y apasionada, una imagen marcada por luces y espectáculo. Todo ello, combinado  para crear un afiche cinematográfico que nos muestra la elegancia, la alegría, el espíritu romántico y el poder transformador de su música”. 

Wendy Orozco, hija de Rafael Orozco, se mostró emocionada y en nombre de su familia, agradeció a la Fundaciòn Festival de la Leyenda Vallenata por ese homenaje, tributo a la memoria de un gran artista como lo fue su padre. 

La invitación es a todos los seguidores del Binomio de Oro, a los amantes del vallenato para  que nos visiten el próximo año del 29 de abril al 2 de mayo y disfruten de este festival que tendrá grandes sorpresas porque “Juepa, juepa je! el Binomio llegó con todas sus canciones que la gente escuchó en tiempos anteriores”. 

Arte y cultura Crónicas

Por Juan Rincón Vanegas@juanrinconv

 Cuando el palpitar de la añoranza no se quería marchar del corazón de una adorada mujer, ella optó por dejar constancia que todo se había perdido en aquellas sombras borradas por la luz de la aurora, provocando que el día fuera perfecto.

 Entonces para poner en marcha su proclama, la cantautora Rita Fernández Padilla, se sentó en el viejo piano que le regaló por allá a comienzos del siglo pasado su abuela Josefa María Padilla a su mamá María del Socorro Padilla de Fernández, haciendo el ejercicio de tocar sus teclas y, con versos que había escrito en una hoja de cuaderno, comenzar a cantar. Al terminar esa ponencia musical pensó en el título, resumiéndolo en dos palabras: ‘Sombra perdida’.

 Ese sentimiento que marcó su vida lo bordó con su talento y tiempo después la canción fue llevado a la pasta sonora por Rafael Orozco e Israel Romero, El Binomio de Oro ‘De Caché’, corte uno del lado A. Ese acontecimiento sucedió el jueves 17 de abril de 1980.

 Para ella no fue difícil recorrer en su pensamiento el sordo camino de la ausencia enmarcado en sombras perdidas, donde su amor no tuvo eco, muriéndose irremediablemente debajo de incontables estrellas que se negaron a alumbrar su cielo. “¿Queeeeé fuiste tú para mí? Un grito que se ahogó en la distancia, un sol que murió con la tarde. Un cielo colmado de estrellas en noches veraneras fuiste tú para mí. Tú fuiste el ave de paso, que vino a posar en mi vida. Hoy solo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

 Recuerdos del corazón

 Rita Fernández con esa sonrisa que nunca esconde para no darle oficio a la tristeza, se transportó a aquel recuerdo. “La canción la compuse al inicio del año 1980 y no me demoré en hacerla, tampoco la aplacé para más adelante. Nació en un solo día. Tiempo después me reuní con Rafael Orozco e Israel Romero, y se las interpreté en el piano. Ellos me la hicieron repetir, les encantó y luego me prometieron grabarla. Fueron testigos de este hecho los compositores Gustavo Gutiérrez Cabello, Santander Durán Escalona y Fernando Dangond Castro”.

 Estando en ese viaje rápido de la memoria, continuó: “Esa canción en el acordeón de Israel Romero y la voz de Rafael Orozco, calcó todo mi sentimiento y sigue sonando como si fuera ayer. Tengo una cantidad de anécdotas, pero me quedó cuando Rafael la cantó estando yo tocando el piano y me pude transportar al día que la hice. Vea, ya hacen 45 años”.

Cuando hasta el mapa del adiós se había perdido, no se podía dejar suelta la pregunta sobre quién hizo posible el nacimiento de esta bella canción. Ella hizo una exposición de esas que cierran todas las puertas. “Todo comenzó cuando creí en una persona pensando que era sería, transparente y con las mejores intenciones, pero no fue así. Había que cerrar esa puerta con doble candado”.

No quiso decir el nombre del protagonista, pero se le preguntó sí era un médico vallenato. Ante esto, manifestó: “Puede ser, aunque digo que a las cosas se les pierde el encanto cuando tienen tanta revelación, y por eso mis canciones cuando nacen son libres y no las dejo atadas a nada”.

De repente, confesó que el amor poco hizo cuna en su corazón, y la suma de los sentimientos no le daba el mejor resultado. “Para mí el amor fue muy difícil porque siempre prefería mi música y me la pasaba haciendo presentaciones. Entonces, saltaban los celos de los novios, y eso se convertía en un gran inconveniente. Tuve muchos pretendientes porque la música es un gran atractivo y también por mis cualidades. Al ver esos episodios les daba la espalda a esos amores”.

Al explicar ese proceso, añadió su propia conclusión. “Llegó el momento en que me di cuenta que el matrimonio no era para mí. Si estuviera casada, otra fuera la historia, y no hubiera podido llegar a concretar mi pasión por la música que me ha dado tantos honores. Estoy convencida que no todos los seres humanos se realizan de la misma manera. Definitivamente, las canciones son mis hijas y esa es mi gran realización”.

 La cantautora nacida en Santa Marta, entrando en el plano de otra clase de amor, señaló: “El único amor que nunca me ha fallado es el de la música vallenata”. Calló un instante, y luego perseveró en su relato: “La música tiene un sentimiento puro, noble, generoso, espontáneo, y eso provocó que creara en 1968 la agrupación femenina ‘Las universitarias’, con la cual me presenté en el Primer Festival Vallenato, interpretando varias canciones de mi autoría”.

Sombra del ayer

Con la canción ‘Sombra perdida’ la cantautora Rita Fernández, supo curar sus heridas, romper su silencio y pensar más de dos veces en volver a cultivar amores. Siguió componiendo, pero de todas maneras esa historia no ha dejado de perseguirla porque se convirtió en un clásico del vallenato, y como lo dijo un fanático, se escucha hasta en Capernaúm. “Prefiero sentir ya tu ausencia saber que no estás en mi vida. Hoy sólo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Aunque en aquella ocasión la felicidad fue de corto vuelo y el corazón no alcanzó la máxima nota del amor, ella sigue sentada en aquel viejo piano donde nacieron bellos cantos, entre ellos el más grande homenaje a Valledupar, la tierra que le abrió sus brazos sin pedirle pasaporte.

Durante la entrevista destacó a las dos ciudades pegadas a su corazón, Santa Marta y Valledupar, a su padre Antonio María Fernández Daza, quien le marcó el camino de la música y al reconocimiento que le hicieran en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2019.

En la agradable charla matizada con sonrisas nunca guardó silencio, igual que aquella vez cuando el médico de la historia no quiso formularle la medicina para el mal del corazón, y ella con la magia de su inspiración en pocas horas supo convertirlo en sombra perdida.

Arte y cultura Opinión

Stephen King (bajo su seudónimo, Richard Bachman) escribió “La larga Marcha”, una historia sobre un grupo de chicos —igualmente designados por sorteo— que participan en un torneo anual para superarse unos a otros hasta la muerte, donde hay un ganador y no hay final. King no se planteó escribir un thriller político, pero al estar al tanto sobre las permanentes noticias de ese derramamiento de sangre que encerraba las vidas de aquellos jóvenes estadounidenses en Vietnam, muchos temas se le manifestaron de todos modos, y de ahí la idea de esta historia, hoy una película.

Pero dos cosas a señalar, primero, que estamos en un universo distópico. Ese cine distópico nos habla de sociedades más o menos convencionales donde todo se ha ido al diablo: la cima de los regímenes totalitarios, la exaltación religiosa, la violencia o el colapso social, entre otros elementos. Así que los personajes que este mundo habita serán mártires de esta anarquía o si prefiere sus finales.

En la actualidad, la distopía es un género repetido del cine y la televisión con paradigmas como “Minority Report” de Steven Spielberg (2002) o “Black Mirror”, por citar dos títulos que vienen a mi memoria entre muchos otros y que han recogido un gran éxito. Todas estas leyendas inscritas en el celuloide son un buen partido para descubrir las dificultades que nos sobrevienen, y un buen inicio para combatirlas.

Por tanto, “Camina o muere” no es una obra que da vueltas sobre un tiovivo de la desesperanza (aunque parezca), mientras lo observado de sus imágenes son devoradas por unas situaciones algo grises que se pegan en los cuerpos de unos chicos privados de expresividad en las miradas. La película está edificada sobre el dorso maltratado y agotado de un aislamiento patológico que pretende por momentos abrir sus turbaciones posiblemente a otras soledades patológicas a través de caminar “hacia ninguna parte” a la larga.

Si existe alguna gestualidad distante de cada interlocutor, sumado a la ausencia de vida feliz, convierte cada uno de los intentos de los chicos caminando (y caminando) el no poder socializar en algún quiebre, ideas que no agujereen su ya de por sí reducida esperanza en un callejón sin salida (y que a la larga eso es la vida: no way out).

Arte y cultura

Por: Lida Mendoza Orozco
Para realizar su nueva película, el guionista y director de cine David David se inspiró en el diario vivir de su mamá Leda Celedón de David, una psicóloga licenciada que toda su vida la puso al servicio de la educación en Valledupar. Sus experiencias, sus vivencias con los estudiantes y su entorno hacen parte de la historia que seguramente cautivará a los espectadores.

El director de la película David David junto a su mamá, la profesora Leda Celedón

“Cuando nos reuníamos en casa a la hora del almuerzo,  ella me  contaba cómo le iba,  qué frustraciones y alegrías sentía y yo  como cineasta encontré un universo interesante  que reflejaba muchas cosas que yo quiero mostrar como la educación de los niños,

profesora Leda Celedón, inspiración de la película

la equidad, las oportunidades con algo  que ocurre en nuestra región y es la posición de la mujer frente al hombre en la profesión de la docencia, porque veo que  en muchos casos, que no hay  igualdad de oportunidades o expectativas,  fue algo  muy profundo  que resultó de todas esas conversaciones con mi madre, encontré un punto de anclaje en algo tan sencillo como  fue la convivencia con mi mamá”, dijo el director de cine.  

Para la profesora Leda Celedón, esta película será una forma de visibilizar el trabajo que se desarrolla en las aulas donde no solo se enseña conocimiento, sino que hay una relación cercana entre docente y estudiante para apoyarlos en cualquier circunstancia. Ella está feliz de que su hijo haya tomado esa iniciativa, sin embargo, advierte que no es una película autobiográfica sino que refleja la vida de cualquier docente que de manera cotidiana se enfrenta a muchas situaciones en el aula.  “La mejor lección que yo les dejé a mis estudiantes fue que se dieran cuenta que los regaños que les dábamos los profesores no era porque no los queríamos sino porque los queríamos educar, que las correcciones fueron siempre con amor para que pudieran aprender”, resaltó la profesora Leda, que se muestra orgullosa cada vez que se encuentra en la calle con sus exalumnos y  se da cuenta que son adultos profesionales que  sirven a la sociedad y ellos la recuerdan con mucho cariño.

La película se logró luego de presentar el proyecto a varios laboratorios, varios espacios de la industria del cine donde tuvo buena acogida y ganó un estímulo de producción de Proimágenes Colombia, lo que dio luz verde al cronograma de producción. El objetivo, una vez terminada, es mostrarla en festivales de cine, que llegue al público, que la gente la disfrute y que se conecte con los personajes.

Aída Bossa, profesora Leda

Aída Bossa, protagonista

Aída Bossa no llegó al proyecto por casualidad, ya había tenido la oportunidad de trabajar junto a David David y la región no le es ajena. Bossa participó en la bionovela de Leandro Diaz desempeñando el papel de la tía Erótida, una mujer de carácter fuerte pero dulce que se convirtió en la persona que enseñó las primeras letras al protagonista.
Esta extraordinaria artista es reconocida por su gran talento pero también por su alegria, su espontaneidad y su cercanía con el público. Asegura que le encanta venir a esta región, “ Aquí encuentro gente maravillosa, paisajes hermosísimos, una gastronomía deliciosa y una extraordinaria riqueza cultural y folclórica”, dice mientras se le ilumina el rostro con una amplia sonrisa.
La actriz cuenta emocionada que Profesora Leda es una película actual sin embargo, muchas de las situaciones que allí se cuentan pudieron haber ocurrido hace más de 20 años, se tocan temas importantes como el entorno en el que se desenvuelve el docente en las regiones, qué pasa cuando se quiere superar, quiere ascender pero no puede hacerlo  y por la forma como funciona el sistema no puede escalonar.

Estar en este proyecto le ha significado a la actriz, hacer un análisis del tema educativo en el país. “Hemos avanzado, hemos ido evolucionando porque ya muy poco se ven esos docentes de 50 años atrás que daban reglazos, no creo que hay que maltratar para educar, eso de que la letra con sangre entra espero se haya eliminado pero tampoco hay que irse a los extremos como lo que se ve hoy en redes sociales, docentes que le tienen miedo a sus estudiantes porque terminan maltratándolos o gritándoles y el respeto debe ser mutuo”. Junto a Aída Bossa la acompañan en la producción, actores de Maderos Teatro y actores naturales como estudiantes y docentes de una institución educativa de Valledupar, “Hay personas que no son actores pero también hay actores de la región, me he encontrado que en Valledupar hay un movimiento teatral increíble, ver  cómo el colectivo Maderos Teatro  tiene mucho por entregarle a la ciudad, me parece muy grande. Como cartagenera te digo que no lo he vivido allá y aprovecho el espacio para  decirle al ciudadano que no ha ido, se dé el regalo de ir al teatro y encuentre este universo maravilloso en esta bonita ciudad”, aseguró emocionada la actriz. 

Para la artista, esta película tiene un toque humano que llegará al corazón de los espectadores porque trata no solo del rol de una profesora en el aula de clases, sino su día a día, su propia vida con afanes, demostrando que a pesar de las dificultades que puede enfrentar, puede llegar a dictar clases y dar amor a esos niños y niñas, que en algunos casos, llegan al aula golpeados, maltratados o con muchos problemas por falta de afecto en los hogares pero el amor de profesora Leda bastará para encontrar la luz en medio de la oscuridad.

Arte y cultura

La Orquesta y el Coro Filarmónica del Cesar ofrecerán un gran concierto tributo a la maestra Rita Fernández Padilla, ícono de la música vallenata y de la cultura colombiana, el próximo viernes 29 de agosto a las 6 de la tarde en la Calle 15, entre carreras 6 y 7, en pleno corazón del Centro Histórico de Valledupar. El concierto será con ingreso gratuito.

En el marco de la conmemoración del noveno aniversario de la Fundación Filarmónica del Cesar, este evento busca honrar la vida y el legado musical de la compositora, destacada por su invaluable aporte a la identidad cultural de la región y de la música folclórica colombiana. Será un espacio para celebrar la riqueza del folclor vallenato y para compartir con la ciudadanía el poder transformador de la música sinfónica y coral.

Con más de 50 músicos en escena, la Filarmónica del Cesar ha dispuesto de más de cinco meses de preparación desde la realización de los arreglos musicales, realizados por el maestro Juan José Aguirre (arreglista de la producción Niche Sinfónico) y el montaje de este tributo que ha exigido el máximo nivel musical de los integrantes del la Orquesta y el Coro, para interpretar las composiciones más conocidas y otras inéditas de la juglaresa del vallenato.

La Filarmónica del Cesar ha venido consolidando un trabajo decisivo en la universalización de la música vallenata, al llevar este patrimonio sonoro a los escenarios sinfónicos y coral-sinfónicos, donde dialoga con la tradición académica para proyectarse al mundo con una nueva sonoridad. Su apuesta por fusionar la riqueza del folclor con el lenguaje de la música académica no solo preserva la obra de grandes maestros, sino que también abre caminos para que nuevas generaciones descubran y se apropien de un vallenato que, sin perder su esencia, se fortalece como un género con alcance global.

El concierto será, además, el preámbulo de la circulación artística de la Orquesta Filarmónica del Cesar a través del proyecto “La Filar se mueve: encuentros urbanos”, iniciativa que tiene como propósito llevar la música a escenarios no convencionales de la ciudad, acercándola a la comunidad y propiciando espacios de encuentro ciudadano; las cuales tendrán continuidad el 19 y 20 de septiembre en el parque cultural Villa Miriam y el parque Los Algarrobillos de Valledupar.

Este proyecto se desarrolla con el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y el Plan Nacional de Música para la Convivencia, a través de la convocatoria Orquestas Vivas 2025, consolidando así un esfuerzo conjunto por democratizar el acceso a los bienes culturales y fortalecer los procesos de formación y circulación musical en el país. Es importante mencionar que la Orquesta Filarmónica del Cesar fue la única orquesta sinfónica del departamento del Cesar que resultó ganadora en esta convocatoria nacional, junto a grandes orquestas de gran reconocimiento y trayectoria.

Con esta jornada, la Filarmónica del Cesar reafirma su compromiso con la preservación del patrimonio musical colombiano y con la proyección de nuevas experiencias artísticas que conectan la tradición con el presente.

Invitamos a toda la ciudadanía a sumarse a este homenaje y a vibrar con la música que mantiene viva nuestra identidad. 

Arte y cultura Crónicas

Por : Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

 Las palabras de Miguel Morales, padre del cantautor Kaleth Morales, son muy elocuentes. “Hijo, el dolor y la tristeza siguen intactos. Te amo hijo, que Dios te tenga en la gloria”. Todo se encierra en un adiós eterno que no tiene olvido, tampoco ausencia porque el recuerdo permanece en primera fila.

Hace 20 años, 24 de agosto de 2005, la noticia de su muerte sacudió el sentimiento del mundo vallenato porque el muchacho, quien contaba con 21 años, se había ganado un amplio espacio musical por su carisma, talento, espontaneidad con el ingrediente de tener la melodía justa a la letra de sus canciones, las cuales contaban con el toque preciso para imponerse de manera rápida.

Es así como comenzaron a escucharse obras de su autoría como ‘Pin pon pan’, ‘Vivo en el limbo’, ‘De millón a cero’, ‘Todo de cabeza’, ‘Siete palabras’, ‘Mis cinco sentidos’, ‘La hora de la verdad’, ‘Mary’, ‘Ella es mi todo’, ‘Se va a formar’, ‘El guante’, ‘Destrozaste mi alma’, ‘Reina de mis sueños’, ‘Novios cruzados’, y ‘Anónimo’, entre otras.

De esta manera el hijo de Miguel Morales y Nevis Troya, hermano de Kanner, Keyner y Eva Sandrith y padre de Katrinalieth y Samuel, dejó una huella imborrable en su familia y en el mundo de la música vallenata, convirtiéndose en un artista triunfante que era solicitado en distintos escenarios.

Entonces el médico quien culminó sus estudios de medicina en la Universidad del Sinú de Cartagena, no se ponía su bata, tampoco asistía al consultorio para recetar o mandar exámenes, sino que se convirtió en el ‘Rey de la Nueva Ola’ vallenata. Sin esperarlo, en corto tiempo revolucionó todo con su estilo fresco y talento indiscutible. Su fórmula fue meterse en ese mundo donde nunca estuvo solo sino acompañado por multitudes que coreaban sus canciones, siendo la principal ‘Vivo en el limbo’.

Kaleth Miguel Morales Troya, quien nació el 9 de junio de 1984 en Valledupar, recibió el mayor reconocimiento por sus composiciones que se hicieron famosas gracias a la interpretación de varios artistas. Además, logró enamorar al público con su voz, convirtiéndose en uno de los jóvenes exponentes de la música vallenata.

Ha pasado el tiempo y se recuerdan las palabras del cantante Silvestre Dangond. “Con Kaleth compartimos muchas cosas y hasta grabamos un tema a dúo ‘Se vá a formar’. En verdad fue un compadre ejemplar y el más grande silvestrista. Él dejó una marca al hacer fusiones musicales con una fuerza arrolladora”.

En viva voz

En varias ocasiones Kaleth Morales, tuvo a bien entregar sus conceptos sobre su carrera musical que arrancó a toda velocidad y se detuvo inesperadamente. Todo era alegría, cantos y proyectos que marcaba desde su memoria para estar en los primeros lugares. Era un dechado de virtudes encontrando el camino ideal para llegar lejos.

“No me considero revolucionario, ni rey porque solamente presenté mis canciones y estas han calado en todos los gustos. Tampoco es una propuesta musical, son canciones que hice a mi manera, a mi estilo y he tenido la fortuna que se han pegado por sí solas”.

“Siempre me he preguntado que tiene ‘Vivo en el limbo’ que se impuso, pero creo que por su ritmo pegajoso y letra sencilla. Esa canción me abrió las puertas, y es más, he dejado por un rato mi profesión de médico para apostarle a la música, una pasión que encontré en el mundo vallenato, un mundo que conozco”. 

“Espero sostenerme, pero no es fácil. A mi lado tengo a grandes cantantes que admiro y merecen todo mi respeto. Lo cierto es que la música es para alegrar el corazón, el alma y se receta cantando”.

Kaleth Morales desde niño era inquieto porque donde vivían sus padres, primero en el barrio Los Fundadores y después en el Primero de Mayo de Valledupar, era frecuentado por músicos día y noche. Él solamente escuchaba y grababa ese entorno, sin saber que los años siguientes sería protagonista al seguirle los pasos a su padre Miguel Morales. Además, añadirle ser compositor. Ese que traspasaba las fronteras del corazón donde se miraba con los ojos del alma.

La anécdota

Su inesperada y trágica muerte fracturó todo el entorno de la música porque sus canciones tenían la esencia del imaginario vallenato. En ese sentido sus canciones eran pegajosas. Es así como en cierta ocasión el maestro Enrique Díaz, estaba haciendo una presentación en tarima y una joven comenzó a jalarle la bota del pantalón solicitándole a gritos una canción de Kaleth Morales. “Maestro, maestro, por favor ‘Vivo en el limbo’. Esa canción es muy bonita”. Ante ese clamor el acordeonero Enrique Díaz, paró el conjunto y le dijo. “Vea, muchachita, si tú vives en el limbo, yo vivo en Planeta Rica”.

La historia de Kaleth Morales sigue en línea recta y cada aniversario de su despedida de la vida, es motivo para añadirle una nueva añoranza, visitar su tumba y su padre interpretar varias de sus canciones, teniendo motivos para llorar. De igual manera, darle gracias al ‘Kaletismo’, ese sentimiento que se renueva cada vez que se escuchan sus cantos.

Definitivamente, cuando un hijo se muere, se desprende un pedazo del alma, pero su memoria se fortalece apareciendo los versos que pintan el recuerdo en toda su dimensión. Entonces, desfila ‘Siete palabras’, aquella canción de Kaleth Morales, donde una de ellas es “Sueños”, cayendo el tiempo con calma al escucharse una melodía triste, acompañada de los latidos quebrados del corazón donde la noche en un cerrar y abrir de ojos se hace día.