¡LIBRE!
Esta mañana, después de días de angustia e incertidumbre, Julio Morón Pérez está nuevamente en casa, junto a su familia. Su regreso representa, ante todo, el reencuentro de una familia con uno de los suyos y la recuperación de algo que nadie debería perder jamás: la libertad.
Su secuestro volvió a estremecer al Cesar y puso de manifiesto una realidad que Colombia todavía no consigue dejar atrás. La privación de la libertad continúa siendo una dolorosa expresión de la violencia que afecta no solo a quien la padece, sino también a sus familias, a sus comunidades y a toda una sociedad que se resiste a vivir nuevamente bajo el miedo.
Hoy celebramos que Julio esté libre y que pueda volver a abrazar a los suyos. Pero su regreso también nos invita a reflexionar. Cada secuestro deja una huella profunda; detrás de cada víctima hay noches de incertidumbre, familias que esperan una llamada, comunidades que contienen la respiración y seres queridos que cuentan los días esperando volver a ver a quien les fue arrebatado.
Por eso, la noticia de su regreso debe ser recibida con alegría, pero también con memoria. No podemos acostumbrarnos a que la libertad sea un privilegio ni a que el secuestro vuelva a hacer parte de nuestra cotidianidad.
El Cesar ha conocido demasiado de cerca el dolor de la violencia. Son muchas las familias que aún recuerdan a quienes regresaron después de años de cautiverio y también a quienes nunca pudieron volver. Por ellas, por quienes todavía esperan respuestas y por quienes han sufrido las consecuencias de esta práctica, cada regreso a casa tiene un significado que trasciende a una sola familia.
Hoy, sin embargo, queremos quedarnos con la esperanza.
Con la imagen de Julio regresando a casa. Con el abrazo de su familia. Con la posibilidad de cerrar una noche de angustia y comenzar nuevamente.
Bienvenido a casa, Julio.
Que tu libertad sea también un recordatorio para Colombia de que ninguna persona debe ser privada de ella y de que una sociedad verdaderamente libre no puede acostumbrarse al miedo.
Hoy el Cesar respira con alivio.
¡Julio está libre y está en casa!

