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“Les prometieron millones y terminaron atrapados en Camboya: 17 cesarenses regresaron a casa”

Durante cinco meses esperaron una salida que parecía no llegar. Fueron atraídos con ofertas de trabajo y altos salarios, pero terminaron sometidos a extensas jornadas, amenazas y presiones en Camboya. Esta es la historia de uno de los grupos de colombianos que logró regresar al Cesar.

Después de cinco meses de incertidumbre, miedo y espera, el viaje de regreso comenzó a parecerle interminable a Marisella. Había pasado meses lejos de su familia, en un país al otro lado del mundo, esperando una asistencia humanitaria que le permitiera volver a Colombia. Cuando finalmente aterrizó en el aeropuerto Alfonso López de Valledupar, el cansancio del viaje parecía mezclarse con una sensación que durante mucho tiempo le había sido ajena: estar nuevamente en casa.

Marisella es un nombre cambiado por seguridad. Tiene 23 años y forma parte de un grupo de 17 personas repatriadas desde Camboya, quienes fueron recibidas en el Cesar después de permanecer en ese país asiático en circunstancias que son materia de atención por parte de las autoridades como posibles casos de trata de personas. A su llegada, fueron acompañadas por representantes de las secretarías de Gobierno y Salud del Cesar, Migración Colombia, la Defensoría del Pueblo, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y la Policía Nacional.

Pero más allá de los protocolos de recepción, había algo que no podía ocultarse detrás de los procedimientos: el miedo todavía estaba presente.

Algunos hablaban poco. Otros apenas podían contener las lágrimas. El recuerdo de las amenazas, las presiones y las condiciones en las que, según sus testimonios, tuvieron que permanecer durante meses seguía demasiado reciente. Un abrazo, una palabra de bienvenida y la certeza de que finalmente estaban en territorio colombiano fueron suficientes para que varios de ellos dejaran salir parte de lo que habían guardado durante meses.

Una oferta que parecía cambiarlo todo

La historia de Marisella comenzó lejos de Camboya. Ella y varios amigos se encontraban en Bogotá y habían quedado sin empleo cuando apareció una propuesta que, en medio de las dificultades económicas, parecía difícil de rechazar. Un hombre les habló de una oportunidad laboral en Camboya, les aseguró que tendrían un buen salario y les explicó que trabajarían en un supuesto centro de llamadas.

Las cifras terminaron de convencerlos. Según el relato de la joven, les hablaron de ingresos que podían alcanzar entre 15 y 20 millones de pesos mensuales, además de comisiones y gastos de traslado cubiertos. La promesa era la de un empleo formal y bien remunerado en un país extranjero.

El viaje comenzó así, con la expectativa de encontrar una oportunidad para salir adelante. Sin embargo, la realidad que encontraron al llegar fue, según su testimonio, completamente diferente.

“Cuando llegamos, los primeros días eran con buen trato. Nos pedían comida a domicilio, era todo bien”, recuerda Marisella. La situación cambió cuando fueron trasladados a las instalaciones donde supuestamente desarrollarían sus labores. Allí, según cuenta, se encontraron con una especie de complejo en el que funcionaban oficinas y en el que había personas procedentes de diferentes países.

La jornada laboral, asegura, podía comenzar a las nueve de la noche y extenderse hasta el mediodía o incluso hasta la una de la tarde del día siguiente. Las condiciones, según su relato, incluían restricciones para ir al baño, descuentos económicos y amenazas cuando no conseguían los resultados exigidos.

“Nos sometían a largas jornadas de trabajo. No podíamos demorarnos más de diez minutos en el baño porque nos multaban. Nos amenazaban si uno no lograba el objetivo con un cliente”, relató.

El salario prometido tampoco habría correspondido con lo que finalmente recibían. De acuerdo con su testimonio, aunque inicialmente les hablaban de unos mil dólares mensuales, en algunos periodos terminaban recibiendo entre 600 y 700 dólares y, en otras ocasiones, asegura que no recibían pago alguno.

Cuatro meses atrapados

La situación se prolongó durante aproximadamente cuatro meses. La joven cuenta que las personas que se encontraban allí eran sometidas a una fuerte presión para alcanzar determinados objetivos y que, según lo que pudo observar, las actividades estaban relacionadas con llamadas y posibles estafas dirigidas a usuarios.

Foto: Prensa Gobernación del Cesar

La salida llegó en medio de una redada. En abril, Marisella y otras personas aprovecharon el operativo para escapar de las instalaciones donde permanecían. Pero abandonar aquel lugar tampoco significaba estar a salvo. Según explica, entregarse a las autoridades camboyanas podía representar otro riesgo, porque temían terminar detenidos debido a las actividades que habían realizado.

Además, asegura que sus permisos de trabajo indicaban que habían viajado al país para trabajar en restaurantes, una situación que aumentaba la incertidumbre frente a su condición migratoria y laboral.

Durante un tiempo permanecieron en un refugio, mientras se gestionaba la asistencia necesaria para lograr su salida del país. Finalmente, después de meses de espera, se concretó la repatriación y el grupo pudo regresar a Colombia.

Más de 300 posibles víctimas en el Cesar

El caso de Marisella no es presentado por las autoridades como un hecho aislado. Según información suministrada por el Comité Departamental de Lucha contra la Trata de Personas, más de 300 personas del Cesar han sido identificadas como posibles víctimas de trata o como personas que habrían sido captadas mediante ofertas engañosas para viajar al exterior.

Foto: Prensa Gobernación del Cesar

El patrón que aparece en estos casos tiene elementos recurrentes: propuestas laborales con salarios elevados, promesas de cubrir los gastos del viaje, empleos aparentemente formales y la posibilidad de mejorar rápidamente las condiciones económicas de las familias.

Una vez en el país de destino, algunas personas pueden encontrarse con una realidad completamente diferente a la que les fue ofrecida. La retención de documentos, las restricciones para comunicarse con sus familias, las amenazas, la explotación laboral y las presiones económicas hacen parte de los riesgos identificados por las autoridades y organizaciones que trabajan en la prevención de este delito.

La preocupación también alcanza a las familias que permanecen en Colombia. Cuando dejan de recibir llamadas, mensajes o información sobre sus seres queridos, la incertidumbre se convierte en otra forma de angustia. En algunos casos, las víctimas pueden perder el contacto con su entorno y quedar prácticamente aisladas.

El regreso no termina la historia

La llegada a Valledupar no significa necesariamente que la historia haya terminado. Para quienes regresan después de vivir situaciones como las relatadas por Marisella, comienza otra etapa marcada por la necesidad de recuperar la estabilidad emocional, reconstruir vínculos familiares y retomar un proyecto de vida que quedó interrumpido.

Por esa razón, las entidades que participaron en la recepción del grupo brindaron acompañamiento y orientación a los repatriados, además de coordinar su traslado hacia sus lugares de residencia.

Desde el Gobierno del Cesar, la enlace departamental de Trata de Personas, Karina Delgado Coronel, señaló que el departamento mantiene acciones de prevención y acompañamiento para las personas consideradas posibles víctimas de este delito y sus familias.

Foto: Prensa Gobernación del Cesar

“Estamos haciéndole acompañamiento a unos connacionales que vienen repatriados desde Camboya. El llamado es a no dejarnos engañar, no dejarnos llevar de las exitosas ofertas laborales engañosas que nos hacen”, manifestó.

La funcionaria insistió en la necesidad de verificar la existencia y legalidad de las empresas que ofrecen empleos en el extranjero, así como las condiciones reales del contrato, antes de aceptar una propuesta que implique viajar fuera del país.

“Que no cometan ese error”

Marisella habla desde la experiencia de quien creyó que una oferta laboral podía convertirse en una oportunidad para comenzar de nuevo y terminó viviendo una situación que todavía intenta procesar. Por eso, antes de regresar definitivamente a su hogar, quiso dejar un mensaje para quienes puedan encontrarse en una situación económica difícil y estén pensando en aceptar una propuesta similar.

“A las personas en Colombia que se encuentran desesperadas, a lo mejor por no contar con un empleo para sustentar a sus familias, les digo que se cercioren bien de que salir del país no es así nada más. Cuando te ofrecen un empleo y te dicen que te van a pagar, que te vas con todos los gastos pagos, eso no siempre es bueno. Nosotros ya lo experimentamos y no queremos que cometan ese error”, expresó.

Su historia deja una advertencia que va más allá de las fronteras del Cesar. En tiempos en los que las ofertas de empleo circulan con rapidez por redes sociales y aplicaciones de mensajería, una promesa de salario extraordinario puede convertirse en la puerta de entrada a una situación de explotación.

Para Marisella, el regreso a casa comenzó en el momento en que pudo pisar nuevamente el aeropuerto Alfonso López. Pero recuperar la tranquilidad, dejar atrás el miedo y reconstruir la vida después de aquella experiencia será un proceso mucho más largo.

Porque detrás de cada cifra sobre trata de personas hay una historia como la suya: alguien que salió buscando una oportunidad y terminó necesitando ayuda para poder regresar.

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