Arte y cultura

“Con vallenato nos tomaremos el mundo”: La Casona, la casa donde nació el sueño de la Cacica

Por: Maria Eloísa Araújo Morón

En una esquina de la memoria de Valledupar acaba de abrirse una puerta que nunca debió cerrarse. Es la puerta de La Casona, la casa donde la historia del vallenato guarda algunos de sus capítulos más entrañables y donde Consuelo Araújo Noguera, la eterna Cacica, ayudó a gestar el sueño de convertir la música de acordeones, cantos y juglares en un patrimonio capaz de cruzar fronteras y permanecer en la memoria del mundo.

La apertura de “La Casona” representa mucho más que la recuperación de una antigua vivienda. Es un acto de memoria y, al mismo tiempo, una declaración de amor por Valledupar y por una manifestación cultural que durante décadas encontró en la Cacica una de sus principales defensoras. Allí, entre conversaciones, ideas y sueños, tomó fuerza una visión que trascendió las paredes de la casa: preservar el vallenato, dignificar a sus creadores y proyectar su riqueza cultural más allá del territorio que lo vio nacer.

La iniciativa de abrir nuevamente este espacio a la ciudad reúne a la familia Molina Araújo, hijos y nietos de Consuelo Araújo Noguera; a la arquitecta y artista plástica Yarime Lobo; al colectivo de Vigías del Patrimonio y a la Red COLSAFA, unidos por una convicción común: las ciudades también se cuentan a través de sus casas, de sus calles y de los lugares donde alguna vez se tomaron decisiones que cambiaron su historia.

“La Casona” vuelve así a encontrarse con Valledupar. Sus puertas estarán abiertas para quienes quieran acercarse a esa memoria y descubrir que detrás de una de las expresiones musicales más reconocidas de Colombia también existe una historia de mujeres y hombres que entendieron que la cultura podía convertirse en una herramienta para preservar la identidad y proyectar al territorio hacia el mundo.

“Mi abuela gestó en esta casa cómo preservar ese legado de la música vallenata y ahora nosotros la dejamos abierta para que todos puedan visitarla y mantenerla viva”, expresó Ricardo Molina, nieto de Consuelo Araújo Noguera. Sus palabras resumen el propósito de una familia que, al cumplirse 25 años del fallecimiento de la Cacica, decidió que recordarla no podía limitarse a evocarla: había que abrir nuevamente las puertas del lugar donde parte de su legado comenzó a tomar forma.

“Como familia, al cumplirse 25 años de su fallecimiento, recordamos su memoria y su aporte invaluable a nuestro folclor”, agregó Molina, en una evocación que devuelve a la ciudad una figura cuya presencia continúa ligada a la historia cultural de Valledupar.

Porque la Cacica permanece. Está en los acordeones que siguen contando historias, en las voces de los juglares, en las nuevas generaciones que encuentran en el vallenato una forma de reconocerse y, ahora, en las paredes de una casa que vuelve a respirar después de años de silencio.

La historia de La Casona es también la historia de una ciudad que aprendió a reconocerse en su música. Allí donde alguna vez se habló de preservar el vallenato y llevarlo al mundo, hoy se vuelve a escuchar el llamado a proteger la memoria. La casa abre sus puertas, pero lo que realmente se abre es un capítulo de la historia de Valledupar.

“Con vallenato nos tomaremos el mundo”, dijo alguna vez la Cacica. Veinticinco años después de su partida, la frase conserva intacta su fuerza. Y mientras La Casona permanezca abierta, su voz seguirá encontrando la manera de regresar.

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