Colombia enfrenta una nueva escalada de violencia: ataques, masacres y disputa territorial golpean varias regiones
En las últimas horas, el país volvió a registrar hechos graves de violencia que reavivan la preocupación por la seguridad y el control territorial. El caso más reciente se produjo en el sur del Cesar, donde un ataque armado contra un establecimiento público dejó cuatro personas asesinadas y al menos tres heridas. Las autoridades manejan como principal hipótesis una disputa territorial entre grupos armados ilegales.
El hecho ocurre en un departamento que ya viene enfrentando una situación compleja de orden público. A finales de agosto, el presidente Abelardo De la Espriella había impartido instrucciones a la Fuerza Pública para reforzar las operaciones contra estructuras ilegales en el sur del Cesar, en medio de una creciente preocupación por homicidios, ataques y presencia de organizaciones criminales.
Cesar: nuevo episodio de violencia golpea al departamento
El ataque registrado en Simaña, jurisdicción de La Gloria, vuelve a poner al sur del Cesar en el centro de la discusión sobre seguridad. Cuatro personas fueron asesinadas y otras tres resultaron heridas en un establecimiento público. Las autoridades investigan las circunstancias y la posible relación del hecho con disputas entre estructuras ilegales por el control del territorio y de rentas criminales.
La situación es especialmente sensible para el departamento porque se suma a otros episodios recientes contra la Fuerza Pública. Uno de los antecedentes más graves fue el ataque con drones y explosivos contra militares en Aguachica, que dejó siete soldados muertos.
Catatumbo: continúa la disputa armada
El Catatumbo permanece como uno de los principales focos de confrontación. La Defensoría del Pueblo ha advertido sobre la intensificación de la confrontación entre el ELN y disidencias de las antiguas FARC, además de la consolidación de mecanismos de control territorial que afectan la movilidad y la vida cotidiana de las comunidades.
El fenómeno evidencia que la violencia actual no responde únicamente a enfrentamientos entre el Estado y grupos insurgentes. La Fundación Ideas para la Paz ha descrito el escenario colombiano como una multiplicidad de conflictos locales y superpuestos, en los que estructuras como el Clan del Golfo, el ELN y las disidencias compiten por territorios y economías ilegales.
Cauca y Nariño: ataques contra la Fuerza Pública y población civil
El suroccidente colombiano también continúa registrando hechos violentos. Cauca ha sido escenario de atentados con explosivos y ataques contra la Fuerza Pública, mientras Nariño permanece bajo presión por la actividad de organizaciones armadas vinculadas al narcotráfico y otras economías ilegales. Un ataque registrado anteriormente en Cajibío, Cauca, dejó un elevado número de víctimas y llevó a la red hospitalaria de la región a declararse en situación crítica.
A esto se suma la preocupación por la cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos. Recientemente fueron divulgadas imágenes de helicópteros estadounidenses sobre Tumaco, situación que generó interrogantes sobre el alcance de las operaciones de cooperación antidrogas. El Ministerio de Defensa colombiano sostuvo que la participación estadounidense corresponde a asesoría y asistencia técnica y no a operaciones directas.
89 masacres registradas en 2026
La dimensión nacional del problema también puede observarse en las cifras de Indepaz. El observatorio reportaba 89 masacres en Colombia durante 2026, con 336 víctimas, con corte al 11 de septiembre.
La cifra ayuda a dimensionar un fenómeno que trasciende hechos aislados: diferentes estructuras armadas y criminales están disputando territorios, rutas del narcotráfico, minería ilegal, extorsiones y otras rentas ilícitas.
Un país con múltiples guerras locales
El actual escenario de seguridad tiene una característica particular: no existe un único frente de violencia. Hay confrontaciones entre grupos armados, disputas por economías ilegales, ataques contra la Fuerza Pública, homicidios selectivos, desplazamientos, amenazas y control social.
Por eso, más que hablar solamente de una guerra entre el Estado y las guerrillas, expertos de la Fundación Ideas para la Paz han descrito el escenario como una “constelación de guerras locales y superpuestas”.
El Gobierno de De la Espriella ha respondido con una política de mayor contundencia militar y policial. Sin embargo, la Defensora del Pueblo, Iris Marín, ha advertido que la acción militar por sí sola no es suficiente para garantizar una paz sostenible y ha llamado la atención sobre los riesgos humanitarios y de derechos humanos derivados de la expansión de los grupos armados.
En este contexto, Colombia enfrenta uno de los primeros grandes desafíos del nuevo Gobierno: demostrar que la estrategia de seguridad puede recuperar el control territorial sin que las comunidades queden nuevamente atrapadas en medio de la confrontación armada.

