El cuento de Pedro: “El Negro” Zabaleta, gran hombre
Por: Pedro Norberto Castro Araujo
Entre los pobladores de el Molino y Valledupar siempre a existido afinidad y entre los Castro y los Zabaleta igual; ambas familias por años se han identificado haciendo apremio de ese simbolismo espiritual que Dios les da a los hombres de bien.
A principios del siglo pasado era fácil ver a Pepe Castro Baute, montado en su mula Mora y quien salía desde la Plaza Mayor de Valledupar con destino a Venezuela, su propósito era asistir a un torneo gallistico y presentar en los escenarios internacionales a su gallo “ Bandera Roja.”
Mi bisabuelo se hacía acompañar de varios jinetes quienes desmontaban en esa bella población incrustada en la Cordillera Oriental, en el sur de La Guajira, allí descansaban y hacían reposar sus mulas. Después de un opíparo almuerzo continuaban su travesía en larga jornada, sumándose a ella un grupo de amigos Molineros, quienes ascendían por el paraje de la Ollita hasta llegar al vecino país.
La población de El Molino fue Fundada entre 1595 y 1610, heredad etemiologica que evoca profundas raíces históricas entre sus coterráneos y los nuestros. El Molino por años fue escenario de tránsito entre Colombia y Venezuela —cuyo paso se realizaba rumbo a la vecina Nación a través de la región de Machiques— Por siglos en el Molino se profesa un importante fervor religioso hacia la Virgen del Rosario y a San Lucas, patrono de los nacidos allí; por años mis padres tradicionalmente han cultivado en mi esa ferviente devoción, permitiéndome afianzar lindas amistades con las familias, Vence, Zabaleta, Cruz, Duarte, Muñoz, Celedon y Jimenez.
Hace muchos años se radicó en la ciudad de Valledupar Manuel Enríque Zabaleta Jiménez, más conocido como «El Negro», una persona íntegra y de excelentes costumbres sociales. Desde niño lo recuerdo en compañía de mi padre, Pepe Castro, apoyándolo en su brega política y a quien acompañó de cerca desde la dirección del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en el Cesar.
«El Negro» se dedicó a trabajar con honestidad y tesón, de día de noche, a forjar empresas, cultivo amistades sinceras y se dedicó a criar a sus hijos, inculcándoles siempre las mejores virtudes, dejando impregnado en ellos el legado imborrable de ser hombres y mujeres de bien.
Hoy en Valledupar huele a tierra mojada parece que fuera a llover; el cielo llora la partida de este buen hombre que dejó huellas profundas y marcadas en la sociedad vallenata, el Negro Zabaleta será recordado por siempre gracias a sus bondades y sanas costumbres. De mi parte nunca olvidaré su valiosa y bonita amistad y mantendré intacto en mi recuerdo sus sabios consejos e innumerables enseñanzas.

