Cuento

El cuento de Pedro : In memoriam de Gregorio Marulanda Aarón, 105 años de historia

POR: PEDRO NORBERTO CASTRO ARAUJO

Décadas atrás conocí a un hombre honesto y trabajador. Su esbeltez le regalaba un dinamismo único a cada trabajo que emprendía; era un líder nato en su arduo trabajo, sabio y excelente médico. En su labor como profesional de la medicina fue brillante: por más de 60 años ejerció sin pausa en ayuda de los más necesitados.
Gregorio Marulanda Aarón, casado con Clara Brito de Marulanda, mujer digna y amable con quien convivió cerca de 70 años. Juntos vieron crecer y formaron una distinguida familia, ejemplo para la sociedad. Hablar de su vida y obra requeriría dedicarle extensas páginas y editar importantes volúmenes de historias, repletas de acontecimientos que envuelven la vida de un hombre valioso.
Hay hombres cuyas vidas no se pueden medir en años, sino en la profundidad del impacto que dejan en su comunidad. Don Gregorio Marulanda Aarón fue uno de ellos: líder natural, hombre de trabajo arduo que durante décadas entregó su vocación al alivio del sufrimiento ajeno, siempre extendiendo su mano generosa a quienes más lo necesitaban.
De la mano de Doña Clara, ejemplo de dignidad y amabilidad, conformó un matrimonio admirable. Juntos vieron florecer una familia ejemplar, cimentada en el respeto y el honor.
Hablar de Don Gregorio es deshojar las páginas doradas de una historia escrita con honestidad, entrega y amor incondicional. Décadas atrás conocí a este hombre de estampa erguida y caminar dinámico, cuya esbeltez natural no era más que el reflejo de una vitalidad incansable puesta siempre al servicio del prójimo. Como médico, transformó la medicina en un sacerdocio para los más necesitados.
A Don Gregorio lo recuerdo en la alegría franca del baile y en la calidez de los descansos compartidos, donde las conversaciones abarcaban el universo entero. Por eso, recordar su figura es evocar la esencia misma del folclor vallenato. Así como los grandes compositores inmortalizaron en sus cantos la identidad de nuestros pueblos —la Costumbre Sanjuanera de Roberto Calderón, o la fe reflejada en el Cristo de Mariangola de Escalona cuando evoca la devoción de Pepe Castro.
La vida de Don Gregorio es en sí misma una obra maestra repleta de anécdotas y virtudes.
Su nombre queda inscrito para siempre en el inventario de las grandes almas de nuestra provincia.
San Agustín intercede ante el señor para que le entregue las llaves del ciclo a GREGORIO MARULANDA AARÓN.

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